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una Ventana desde Madrid

Museos de Madrid

Museo Nacional de Artes Decorativas (I)

Por Lourdes Morales Farfán


Museo Nacional de Artes Decorativas

A dos pasos del parque de El Retiro y a escasos metros de la madrileña Puerta de Alcalá, encontramos un lugar en el que el mundo de la ornamentación, ya sea a través de objetos, de mobiliario, o de vestimenta, y su evolución a lo largo de la historia cobra un sentido especial. Se trata del Museo Nacional de Artes Decorativas, donde los visitantes, a través del recorrido por su exposición permanente, podrán asistir, en cierto modo, a una interpretación de cómo era la vida en las casas señoriales de los siglos XVII y XVIII desde el punto de vista de su aspecto puramente decorativo. En este primer reportaje de los dos que dedicamos al museo, visitaremos las plantas baja, primera y segunda, pero conozcamos antes la historia del propio museo y del palacio en el que está instalado.

La creación del Museo Nacional de Artes Decorativas data del año 1912 bajo la denominación de Museo Nacional de Artes Industriales. Sin embargo, su origen lo podríamos encontrar en el siglo anterior, concretamente en 1871, momento en que abre sus puertas la Escuela de Artes y Oficios, la cual tenía un Museo Industrial. Más tarde, en 1927, tomaría el nombre con el que actualmente es conocido, teniendo como objetivo la realización de exposiciones con las que enseñar al público, a los artistas y a los propios fabricantes la evolución que habían adquirido los productos manufacturados hasta haber alcanzado la perfección de entonces. De esa forma, se conseguiría fomentar en la sociedad no sólo la cultura en relación con el arte, sino también el conocimiento de las diferentes técnicas utilizadas. Este museo tendría su primera sede en un inmueble de la Calle Sacramento, en la zona conocida como Madrid de los Austrias. Unos años después, en 1932, la falta de espacio hizo que se trasladara al lugar en el que se encuentra hoy, un edificio que hasta ese mismo momento había acogido la Escuela Superior de Magisterio.

El edificio que hoy visitamos como museo es un antiguo palacete construido en el año 1878 por el arquitecto José María Gómez bajo el encargo de Doña María del Carmen Hernández y Espinosa de los Monteros, Duquesa de Santoña, quien un año más tarde daría la orden de levantar, no muy lejos, el Hospital y la Capilla del Niño Jesús Sin embargo, nunca llegó a vivir en este palacio que, más adelante, sería alquilado por diversos personajes de la alta sociedad. En los años 20 del pasado siglo XX, sería sede, como ya hemos mencionado, de la Escuela Superior de Magisterio. En su origen, se construyó con planta cuadrangular y simétrica y con una altura de tres niveles más un sótano, siendo el primer piso la denominada planta noble y el segundo, y entonces último, donde se ubicaban las habitaciones de servicio. Seguía, pues, unos cánones similares a los de los primeros hoteles1 que se construyeron a partir de 1877 en lo que primitivamente habían sido los terrenos del Buen Retiro y que fueron desapareciendo con el paso de los años.

Museo Nacional de Artes Decorativas, Escalera imperial

Su exterior destaca por su eclecticismo2, siendo la fachada de ladrillo, con el zócalo de sillares3 y las distintas molduras que la adornan de piedra. En lo que respecta a su interior, se estructuraba en cuatro crujías4 de unos 6 metros las paralelas a la calle y unos 5 metros las perpendiculares, las cuales cerraban un patio central cuadrado. Al alrededor de éste, había sendas galerías sobre columnas, contando el conjunto con una cubierta formada por un lucernario5 de hierro y cristal. Según entramos, a la derecha, aún podemos ver la escalera de tipo imperial6 que conduce al primer piso y que mostramos en la fotografía que acompaña estas líneas, mientras que, a la izquierda, está la escalera de servicio, hecha en madera, que une todas las plantas. Será esta última la que utilicemos para hacer nuestra visita por el museo.

Museo Nacional de Artes Decorativas, Pozo situado en el patio Este

Un patio en forma de "U" separaba el palacete de los edificios de al lado, así como un pabellón que funcionaba como portería (al Oeste, o derecha, según miramos de frente) y otro que servía como cochera (al Este, o izquierda), ambos con acceso desde la calle. Sobre éste, había un invernáculo7 acristalado que desaparecería tras la reforma de Jesús Carrasco-Muñoz Encina, quien levantaría ahí, hacia 1924, un piso con triple ventana hacia el exterior. En 1940-41, el Estado adquiere el edificio y entre 1942 y 1944, Luis Moya Blanco, ya arquitecto conservador del Museo Nacional de Artes Decorativas, llevaría a cabo la segunda ampliación del palacio, proyectando construir en los huecos que había entre el inmueble y los edificios medianeros, así como añadir un sótano y las dos plantas superiores de más que hoy podemos ver. Dentro, echó abajo los tabiques que separaban unas habitaciones de otras para crear salas más diáfanas, sumó dos escaleras al conjunto, sustituyó el lucernario de hierro por uno de hormigón armado e hizo la portada más ancha al pensar que la anterior carecía de importancia. De este modo, el exterior quedó más o menos reconocible, ya que consiguió aunar la apariencia de la fachada ya existente con la de los nuevos añadidos, pero, como podemos imaginar, el interior desapareció "casi" por completo. Y decimos "casi" porque a lo largo de este reportaje podemos ver algunas zonas que han quedado del palacio original. En 1981 y 1985, volvió a ser reestructurado y acondicionado de la mano de María Antonia González-Valcárcel Sánchez-Puelles, teniendo una última intervención en 1991, año en que sería remodelado por Juan Pablo Rodríguez Frade.

En el año 1962, tanto el Museo Nacional de Artes Decorativas como el palacete de la Duquesa de Santoña, en calidad de edificio que lo alberga, fueron declarados Bien de Interés Cultural a la razón de Monumento Histórico-Artístico.

Localización: Calle Montalbán, 12. CP: 28014 Madrid


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Museo Nacional de Artes Decorativas, Mosaico italiano de la planta baja, obra de Pellerin y Domenico

Pasemos ahora al interior del museo. Tras subir unas escaleras situadas en el zaguán del edificio, entraremos directamente a la planta baja; lo más aconsejable es acercarnos al mostrador de información, donde nos facilitarán amablemente todo lo necesario para visitar el museo: folletos, horarios, precios, etc.

Las salas de que consta esta planta se han habilitado para albergar exposiciones temporales de temática diversa. Poco ha quedado aquí del palacio original, salvo la estructura y algún que otro detalle. Un ejemplo de lo que sí ha llegado a nuestros días es el mosaico italiano que vemos en la fotografía que acompaña estas líneas y que cubre casi todo el suelo, obra de Pellerin y Domenico.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Lámpara de mediados del siglo XIX

Si alzamos la vista, podremos contemplar una bellísima lámpara que cuelga en el centro. Realizada en bronce y porcelana, no se ha fijado aún su datación exacta, si bien se cree que es de mediados del siglo XIX y se ha atribuido su creación a la Fábrica de Porcelanas de Sèvres, en Francia.

Como ya dijimos, de aquí parte nuestra visita. Encontraremos dos escaleras por las que subir: a la derecha, está la escalera principal, de mármol blanco, mientras que a la izquierda, tenemos lo que en su día fue la de servicio y que actualmente sirve de unión entre plantas para los visitantes del museo. Vayamos, pues, por ésta última.


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Museo Nacional de Artes Decorativas, Galería central de la primera planta

Subimos los dos primeros tramos de escalera y entramos en la primera planta, antigua planta noble del palacio original. Lo primero que recorreremos será la galería central, de cuyas paredes cuelgan una serie de alfombras hechas presumiblemente en Alcaraz, en la provincia de Cuenca, en los siglos XV y XVI. Las alfombras que se produjeron en la Península Ibérica tuvieron una gran aceptación no sólo en España, sino también en el resto de Europa, una labor la española que está considerada como la más antigua del continente. Su origen se remonta al siglo VIII, con la llegada de los árabes a los reinos españoles de la Península.

Aquí, podemos ver una muestra de alfombras en los dos estilos principales de los siglos XV y XVI. Por un lado, está el estilo mudéjar8 (s. XV), del que destacan los motivos geométricos, los cuales sirven de marco para otro tipo de decoración; entre ellas, se encuadran las llamadas del "Almirante", por los escudos que había en tres de las que se produjeron, pertenecientes a los Almirantes castellanos Enríquez, o "Holbein", nombre dado por el pintor Hans Holbein "el Joven", quien solía pintarlas en sus cuadros. Por otro lado, tenemos las de estilo renacentista9 (s. XVI), entre las que podemos distinguir las alfombras "de brocado", las "de coronas", o "ruedas", y "funerarias", en función de los motivos que tengan representados.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Sala de exposiciones temporales de la planta noble

En la actualidad, este primer piso se utiliza para exposiciones de carácter temporal. Sin embargo, en su día fue la planta noble del palacio de la Duquesa de Santoña, algo que aún podemos vislumbrar si nos adentramos en algunas de sus salas, como la de la fotografía. En ellas, nos daremos cuenta de cómo el suelo es igual al de la planta baja; además, aún se conservan algunos elementos decorativos del edificio original, como vemos en la imagen, siendo también destacable el artesonado de los techos. Intentando abstraernos, no sería difícil tratar de imaginar la vida que hubo en estas habitaciones hace algo más de un siglo.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Tramo superior de la escalera imperial y jarrón de 1862

Para facilitar esta labor de imaginación, podemos encaminarnos a través de la galería central a la escalera imperial y observar su magnífico recinto. Merece la pena destacar, igualmente, el jarrón que vemos en la parte superior de la escalera, ya en el corredor, pues se trata de un regalo que, en 1865, hizo Napoleón III y su esposa, la emperatriz María Eugenia de Montijo, a la reina Isabel II. Realizado en Sévres, Francia, en 1862, es una obra de Louis Pierre Schilt en porcelana y bronce con decoración de flores y mariposas en vivos colores.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Techo de la escalera imperial

Y no queremos abandonar la primera planta del museo sin antes alzar la vista desde el lugar en el que estamos, a mitad entre el primer y el segundo tramo de la escalera, un recinto que conserva la decoración original hecha con medallones en los que hay representados diversos personajes relacionados con la cultura y las Artes. La lámpara que cuelga del techo da al lugar la iluminación y el brillo necesarios para verlo relucir. La imagen que acompaña estas líneas nos hace ser conscientes, casi por primera vez, de que estamos en un antiguo palacio.


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Museo Nacional de Artes Decorativas, Segunda planta

Continuemos con la visita. Subimos a la segunda planta y aquí podremos encontrar tres espacios expositivos bien diferenciados. Primero, veremos la galería a la que salimos nada más subir este tramo de la escalera; después, recorreremos unas salas en las que se han recreado diferentes estancias de las casas señoriales típicas del siglo XVII; y finalmente, describiremos otras cuatro salas en las que se exponen una selección de piezas de cerámica, tejidos y otros adornos.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Tesoro del Delfín

Como hemos dicho, antes de comenzar a recorrer las diferentes salas, rodearemos el corredor, donde se exponen algunos elementos que representan el uso ornamental que ha tenido el cuero en determinados períodos de nuestra historia. Ejemplo de ello son los estuches de cuero del Tesoro del Delfín10, nombre que recibe la colección de objetos preciosos de Luis de Francia (1661-1711), hoy en el Museo del Prado. Cuando muere, sin llegar a ser rey, una parte de su herencia pasa a su hijo Felipe V, quien la incorpora a su ajuar11, en el Palacio Real, en el momento de ascender al trono español, siendo por ese motivo por el que podemos disfrutar aquí de estas piezas en la actualidad. Estos objetos (piezas de vajilla y decorativas para la mesa hechas en marfil, vidrio, porcelana, etc., con esmaltes y piedras preciosas) fueron guardados en estuches cuya estructura es de madera forrada en el interior con lana y raso (o tafetán12) y exteriormente en cuero y con estampaciones doradas. No todos se hicieron en la misma época: mientras que unos se fabricaron en Francia y ya eran parte de la colección antes de venir a nuestro país, otros se realizaron para sustituir, en el siglo XVIII, a parte de los originales.

La importancia de estos estuches, además de artística, radica en que permiten conocer si las piezas que contenían están en perfectas condiciones, o si, por el contrario, les falta algún elemento. También cabe destacar que no se han conservado todos los objetos que formaban el Tesoro, sino que parte de él ha desaparecido, bien por su destrucción, bien por robos. Es aquí donde, nuevamente, son importantes los estuches, ya que gracias a ellos podemos tener constancia hoy de la existencia de parte de esa colección.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Guadamecí

También encontramos en esta galería una serie guadamecíes13 que cuelgan de sus paredes. El cuero curtido fue usado también para elaborar productos relacionados con la ropa, la arquitectura y el mobiliario; así, éste sirvió para la decoración y el recubrimiento de las paredes, sustituyendo de este modo a las telas. Dos fueron las técnicas más usadas para la ornamentación de los cueros. Por un lado, los cordobanes14 estaban hechos con piel de cabra y se decoraban con relieves hechos con moldes metálicos; su rigidez los hacía más indicados para ser utilizados en las encuadernaciones, en respaldos de asientos e incluso en otro tipo de muebles. Por otro lado, los guadamecíes se elaboraban con piel de carnero (más suave que la anterior) y para su decoración se realizaban estampados, labrados, repujados, policromías, etc.; su uso se destinaba a revestimientos y tapicerías, así como a retablos y cuadros religiosos.

Durante la Edad Media, los artesanos andalusíes15 fueron los encargados de desarrollar ambas técnicas, las cuales tuvieron su mayor auge durante los siglos XVI y XVII gracias, en parte, a su realización en los talleres moriscos16, donde los motivos decorativos se fueron alejando de los gustos islámicos y se adaptaron a las nuevas corrientes. Sin embargo, a lo largo del XVII, las obras hechas en España van siendo sustituidas por las realizadas en otros países del centro de Europa. Tal es el caso de algunos de los guadamecíes que podemos ver en este corredor, que datan de entre los siglos XVI y XVIII. Entre ellos, veremos que su decoración va desde los motivos vegetales, como las flores, a los de animales, como los pájaros.

No queremos terminar este apartado sin mencionar un rincón en la ciudad de Córdoba donde el arte del cordobán y del guadamecí hará el placer de sus visitantes. Se trata de la Casa-Museo de Arte sobre Piel, inaugurada en el año 2006 y en la que se exponen las obras del artista Ramón García Romero, propietario del inmueble. Ahí, podremos no sólo visitar el museo, sino aprender a distinguir las distintas técnicas y materiales para trabajar el cuero.


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Nos dirigiremos ahora al ala izquierda, según el plano, de esta segunda planta, donde veremos un total de cinco salas en las que se han recreado sendas estancias características de las casas señoriales del siglo XVII. Generalmente, estas viviendas tenían dos plantas y lo que más podía llamar la atención era el contraste de la sencillez y sobriedad del exterior, con la riqueza de mobiliario y adornos con que se contaba en el interior. Cabe destacar que, en este siglo, la aristocracia se asienta definitivamente en la Corte y en otras ciudades, dejando de tener una vida en la que los viajes eran constantes. Así, ya no es necesario que los muebles continúen siendo portátiles, por lo que comienzan a ser más especializados y, por tanto, más aparatosos y ostentosos. Igualmente, las reuniones y actividades sociales cobran mayor importancia, de ahí que se multiplique el número de habitaciones en las casas señoriales, señal inequívoca del poder y de la posición de su dueño.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Oratorio

Para seguir el orden marcado en el itinerario preparado por el museo, atravesaremos la Cámara, que detallaremos más adelante, y nos encaminaremos al Oratorio. Se trataba de un lugar destinado, como su nombre bien nos dice, a la oración, pero dentro del ámbito doméstico, lo cual nos indica la importancia que tenía el aspecto religioso en todos los círculos de la vida diaria.

Los oratorios podían estar limitados a una sencilla hornacina17, o un mueble con un pequeño altar dentro, como podemos ver en la fotografía. A veces ocupaban una sala completa, como en este caso, y se solían decorar con diferentes obras artísticas (esculturas, pinturas, etc.) relacionadas con la religión, desde cuadros, a crucifijos, o relicarios18, entre otros.

La sala que vemos aquí cuenta con un armario-oratorio, el cual está presidido por un cuadro del siglo XVII realizado por la escuela de Carlo Maratta y que representa a la Sagrada Familia; los candelabros y la alfombra que hay en el suelo son del mismo siglo, procediendo esta última de Ushak, Anatolia (Turquía). En la vitrina de la izquierda, hay varios relicarios de metales como la madera, o la plata, así como algunas obras pictóricas, todas ellas con motivos religiosos; todos estos objetos son, igualmente, del siglo XVII, siendo algunas de España y otras de diversos puntos de Italia.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Cámara o dormitorio principal

Nos retiramos un poco de la puerta que nos asoma al Oratorio y miramos a nuestro alrededor. Nos encontramos en la Cámara, o dormitorio principal, utilizado por el señor de la casa. Si bien podía compartirlo con su esposa, ésta solía tener su propia estancia. En el mobiliario que aquí contemplamos, preside la sala la cama, situada en el centro de la habitación. Ésta, al igual que las habituales de la época, cuenta con un alto cabecero que se colocaba arrimado a la pared y que está formado por columnas, o medias columnas, motivo que también vemos en las esquinas de los pies. En lo que concierne a la ropa de cama, ésta se guardaba en arcones, a ser posible de ciprés debido al buen olor de esa madera. Las mejores sábanas eran las traídas de Holanda, mientras que las mantas, o frazadas, de mayor calidad eran las de lana producidas en Castilla. Con frecuencia, un lienzo llamado "guardapolvo" se colocaba bajo el techo para evitar que, como su nombre indica, cayera suciedad sobre la cama.

El resto del dormitorio se completaba con muebles relacionados con el ámbito más íntimo. Tal es el caso de los tocadores, ampliamente utilizados a partir del último tercio del siglo XVI. En ellos, se podían tener cajas con diversos compartimentos en los que se guardaban un espejo bajo la tapa, peines, pinzas, etc. Asimismo, en las habitaciones existía otro tipo de mobiliario, como los escritorios. Y no faltaban las muestras de religiosidad, presentes en cuadros, pequeños altares, u otros objetos devocionales.

Todos estos elementos son fácilmente identificables en la estancia en la que nos encontramos. Ejemplo de ello son los dos pequeños retablos portátiles que flanquean el cabecero de la cama, ambos con escenas de la Virgen; realizados en Flandes en el siglo XVII, fueron propiedad de la familia Velasco, Condestables19 de Castilla. El cuadro de "La Anunciación" que vemos al fondo es también del XVII, obra en este caso de Francisco de Solís. El mobiliario está compuesto por, entre otras piezas, un precioso escritorio traído de Flandes, una papelera de madera procedente de la India portuguesa (Goa), una caja-tocador de España o México, un arca de Japón, etc. Todos ellos son del siglo XVII, a excepción del arca, que es de finales del XVI.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Estrado

Continuamos y pasamos al Estrado, estancia destinada a acoger a las señoras de la casa, las cuales tomaban asiento en cojines o colchones situados sobre una tarima para protegerlas de la humedad y el frío suelo. Su uso, originalmente inspirado en la cultura árabe, se remonta a la Edad Media; más adelante, en el siglo XVII, aún continuaba siendo utilizado por la dueña de la casa y aquí era donde, en compañía de las damas de su servicio, realizaba actividades como coser, o leer. Lecturas en las que destacaban los romances y las historias de amor, así como las novelas y la poesía.

En la recreación que se muestra en la fotografía, podemos ver la tarima a la que hacíamos referencia más arriba. Ésta estaba revestida con corcho, alfombras, o los ya mencionados guadamecíes. Encima de ella, se colocaban una serie de sillas bajas que recibían el nombre de sillas de mujer, o de devanar seda, además de otros muebles, como atriles, o pequeños escritorios donde se guardaban libros, papeles y diversos elementos de uso diario. Aquí, podemos ver, por ejemplo, una silla del tipo que mencionábamos antes, hecha en Castilla durante la segunda mitad del siglo XVII en nogal y terciopelo; en el centro, hay un braserillo de bronce, mientras que en la esquina izquierda tenemos una caja-escribanía traída de la India portuguesa (Goa), y en la derecha, un escritorillo procedente del Sur de Alemania, entre otros objetos, todos del siglo XVII.

Fuera de la tarima, en lo que podríamos llamar "parte baja", había una serie de vitrinas, o escaparates, en los que se mostraba toda una suerte de objetos de adornos que destacaban por su belleza e incluso su rareza; eran las llamadas bujerías y podían ser desde figuritas religiosas, a objetos preciosos realizados en plata, u otros traídos de países exóticos por entonces, como China. En esta sala, se pueden ver piezas como varias figuras que representan al Niño Jesús, a la Inmaculada, o a San José, relicarios, arquetas, etc., cada una procedente de diferentes lugares y siendo todas, al igual que las anteriores, del siglo XVII.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Sala para recibir visitas o cuadra

Comunicada con el Estrado tenemos otra estancia que, en algunas casas, solía estar precedida por una o varias antesalas. Se trata de una Sala, también llamada cuadra, y tenía una función pública para recibir visitas. Esto queda patente en su decoración: paredes enteladas con tapices o telas de gran calidad, o enjalbegadas20, y de las que colgaban varios cuadros, así como un mobiliario propio de la posición social de los dueños de la casa.

Los muebles característicos de esta habitación solían ser, por un lado, sillas, con o sin brazos, o de tijera, las cuales se disponían regularmente arrimadas a la pared. Por otro lado, también los bufetes21 se colocaban contra la pared y, sobre ellos, estaban los escritorios, los cuales servían tanto para escribir, como para guardar documentos, o simplemente como adorno, ya que en ocasiones eran ornamentados con ricos materiales, como conchas, ébano, o marfil. Otros elementos muy usados en estas estancias eran los espejos, cajas de diversos tipos, relojes, objetos de plata, etc., y a veces se contaba con algún instrumento musical con el que amenizar parte del tiempo que duraba la reunión. Por último, cabe destacar que las salas solían calentarse con braseros como el que vemos a la izquierda de la fotografía; para evitar que después las habitaciones oliesen al humo de las brasas, se quemaban pastillas de olor en perfumadores, o braserillos.

En la Sala que aquí se ha recreado, se pueden contemplar muebles del mismo tipo que los vistos hasta ahora, como las papeleras. De la pared, cuelga una colcha de la India portuguesa (Goa) realizada a finales del siglo XVII en raso y bordado de seda; delante de ella, vemos dos sillas "a la portuguesa"22 de nogal y cuero, también del XVII y procedentes de Portugal, o España. El instrumento que vemos es un clave23 castellano de entre los siglos XVII y XVIII. El resto de la habitación se completa con diverso mobiliario de la misma época, como un armario de nogal en cuyo interior se exponen varias piezas de porcelana china de la Dinastía Qing.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Recreación de una cocina del siglo XVII

La última habitación que veremos relacionada con esta recreación de una casa del siglo XVII es la Cocina, la cual se ubicaba, en las viviendas de gran tamaño, en la planta baja, en la zona destinada al servicio. Su organización giraba en torno al hogar25 y en ella se podían encontrar utensilios de todo tipo, algunos hoy día casi desconocidos para la mayor parte de nosotros, como calderos, arrimadores26, trébedes27, espeteras28, etc. También en la cocina encontramos la alacena29 y la despensa30, lugares reservados para guardar alimentos. Completan la imagen aquí mostrada algunos cuadros que representan temas relacionados con la comida, como el bodegón de la derecha, atribuido a Juan de Zurbarán, así como varias vasijas de cerámica de Talavera y de Teruel que vemos al fondo.


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Volvemos a la galería y nos vamos ahora al ala derecha de esta segunda planta. Aquí, tenemos cuatro salas en las que, como ya mencionamos antes, se exponen algunos objetos procedentes de las colecciones del museo, tales como cerámicas, tejidos y otras piezas que configuran la llamada Sala del Tesoro, a la que entraremos en último lugar.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Cerámica de Teruel

La primera sala en la que entraremos es la que acoge varias muestras de Cerámica de Teruel, ciudad que, junto a Calatayud, Muel y Villafeliche, estas tres últimas de la provincia de Zaragoza, es uno de los principales focos de la alfarería31 en Aragón, destacando Teruel por ser donde esta actividad lleva desarrollándose más tiempo sin interrupción (desde el siglo XIII hasta la actualidad). De tradición mudéjar, con el paso del tiempo se fue adaptando a los gustos europeos, teniendo siempre diseños sencillos, pero llenos de un gran colorido. Ejemplo de ello son las torres mudéjares de El Salvador, San Pedro, Torre de San Martín y de la Catedral, declaradas todas ellas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Dos son los períodos que podemos distinguir en la cerámica turolense. Por un lado, hasta el siglo XVI, los colores con que se decoraban estos trabajos eran el verde y el morado, tal y como se hacía originalmente en época medieval, siendo los motivos vegetales y geométricos. Por otro lado, a partir de dicho siglo comienzan a llegar a nuestro país porcelanas procedentes de China, lo cual hizo que los gustos cambiasen; de este modo, a la cerámica se añade el color azul (y más adelante, el gris), así como escenas más naturales en las que aparecen animales y figuras humanas.

Los objetos que veremos aquí expuestos están divididos en tres tipos en función de su uso, si bien podremos distinguir también en ellos la evolución de la que hablábamos antes, gracias a las técnicas y colores empleados: serie verde y morada, de los siglos XV y XVI, y serie azul, de los siglos XVII al XIX. Por un lado, están aquellos que forman parte de vajillas de mesa, las cuales son muy variadas en lo que a su forma y decoración se refiere; entre ellos, hay platos, fuentes, jarras, alcuzas32, etc. En las mesas más completas, también solía haber saleros y recipientes para las especias y las salsas. Por otro lado, en otra vitrina, se muestran objetos relacionados con la cocina, como aceiteras, morteros, o barreños, entre otros. Por último, otro expositor nos muestra una serie de piezas destinadas a usos diversos, tales como lozas que forman imágenes religiosas dibujadas, pilas para agua bendita, algunos botes de farmacia y varios objetos de uso doméstico.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Tejidos y Accesorios de su Colección Oriental

Continuamos con la sala contigua, en la que, en el momento de publicar este reportaje (abril de 2013), se expone una serie de Tejidos y Accesorios de su Colección Oriental, teniendo la mayoría de ellos una procedencia de origen chino y japonés. En lo que se refiere a las piezas chinas, la mayor parte de ellas se enmarcan en una cronología perteneciente a la Dinastía Qing (1640-1912, aprox.), siendo la más antigua el cinturón que cuelga de una de las paredes y que podemos ver en la imagen que acompaña estas líneas. Las técnicas empleadas se caracterizan por el uso de la seda en todos los tejidos y el hilo metálico en algunos de ellos, empleando numerosas veces el bordado, o la tapicería, entre otras. Por su parte, la decoración en los tejidos y prendas de vestir representa motivos celestiales (como las nubes), así como animales considerados sagrados dentro de su cultura (dragones, perros, etc.), mientras que en objetos como los abanicos y las estampas, estos motivos se decantan por las escenas cotidianas.

La exposición cuenta con un total de 11 vitrinas. De la 1 a la 5, se nos muestran los llamados tejidos planos, decorados algunos de ellos con nubes, dragones, flores, pájaros y otros elementos naturales. Los expositores 6 y 7 guardan dos elementos relacionados con la indumentaria como son estas sobretúnicas, o pu-fú; las dos están hechas en raso de seda con bordados, pero mientras que una de ellas (6) es de color azul y se encuentra decorada con medallones en los que se representa el ave fénix, símbolo de la emperatriz, la otra (7) es de color rojo y cuenta con el símbolo del emperador, el dragón. Por último, las vitrinas de la 8 a la 11 nos enseñan distintos accesorios, como zapatos bordados, cinturones, o abanicos. El cinturón que mencionábamos antes fue un elemento de indumentaria de corte, siendo un regalo del emperador chino al rey Carlos III; conservado en el Real Gabinete de Ciencias Naturales primero, y en el Museo Arqueológico Nacional después, desde el año 1942 se encuentra entre las colecciones del Museo Nacional de Artes Decorativas. En lo que respecta a los abanicos, son piezas características de las actividades comerciales durante los siglos XIX y principios del XX entre Filipinas y España, si bien eran realizados en Cantón (China).


Museo Nacional de Artes Decorativas, Cerámica de Talavera

Y si antes veíamos las cerámicas de Teruel, en la siguiente sala podremos contemplar un buen número de objetos de Cerámica de Talavera. La actividad alfarera de la localidad toledana de Talavera de la Reina se remonta a la época medieval, si bien será a partir del siglo XVI cuando esta industria comience a cobrar mayor auge, debido, en parte, a la cercanía de la ciudad con la Corte. Los encargos llegaban desde los más diversos lugares, pasando por monasterios y palacios construidos en dicha época, dando lugar así a un gran conjunto de producciones seriadas que, en el siglo XVII, fueron fiel reflejo de los progresivos cambios en los gustos de las clases altas de Castilla; de este modo, podemos ver aquí la variedad no sólo de temas, sino también de estilos y colores que se fueron dando con el paso de los años. Será en el siglo XVIII cuando comiencen a cobrar importancia las lozas de Alcora (Valencia) y las producciones en porcelana en parte de España y, en general, de Europa; como consecuencia, y a pesar de los intentos por imitarlas, esto conllevó que la industria cerámica de Talavera se viera destinada a un público más popular, algo que continuó durante el siglo XIX.

Esta sala acoge varias vitrinas en las que se nos muestran numerosos ejemplos de piezas de cerámica talaverana que podríamos enmarcar en varios estilos en función al siglo de su producción; tantos, que si hablásemos de todos podríamos hacer un monográfico dedicado únicamente a este apartado, no siendo ese el cometido de nuestro reportaje. Sí que podemos destacar algunos de ellos, como la serie policroma, una de las más famosas gracias a la riqueza de sus formas y colores; su elaboración comienza en el siglo XVI con decoraciones de influencia italiana en amarillo, blanco y azul; ya en el XVII, se añaden los verdes, además de temas como las cacerías, los toros, etc.; finalmente, en el siglo XVIII se produce la culminación de estas series con las ornamentaciones del llamado Maestro de la flor de la patata, que recibe este nombre por el gran uso de esta planta en las escenas representadas. También podremos ver algunas imitaciones de las lozas de Alcora (XVIII y XIX); series llamadas "de encaje de bolillos" (XVII y XVIII), en las que la decoración simula ser un encaje negro sobre un fondo blanco, o amarillo; o series populares (XIX y XX), en las que los temas van desde las escenas militares, a las religiosas.

Lo mejor, sin duda alguna, es recorrer con calma los expositores que se distribuyen perfectamente organizados en esta sala; de este modo, podremos distinguir con mayor claridad las técnicas usadas en cada período, los temas preferidos dependiendo del siglo e incluso la evolución en la utilización de un mayor número de colores. De entre las piezas expuestas, cabe destacar, por ejemplo, algunos tarros de farmacia traídos del Real Monasterio de El Escorial en los que aparecen los escudos de la orden religiosa de los jerónimos (el león rampante) y del cenobio33 (la parrilla del martirio de San Lorenzo).


Museo Nacional de Artes Decorativas, Salta del Tesoro

Y terminamos nuestro recorrido por la segunda planta del museo en la llamada Sala del Tesoro, en la cual se expone una serie de objetos que suponen una muestra de algunas colecciones europeas de este tipo de "tesoros". El origen de este término lo podemos encontrar ya en la Antigüedad, cuando en los templos se guardaban las numerosas ofrendas hechas a los dioses y los palacios se adornaban con los más ricos ornamentos para determinar el estatus social de sus dueños. Será en el Renacimiento cuando despierte el interés por el coleccionismo, distinguiendo ya entre el arte sacro y, por así decirlo, el arte profano, dando pie a la creación de los primeros gabinetes, o galerías, en prácticamente toda Europa. Hoy día, gran parte de estos objetos se encuentran en los inventarios de museos de todo el mundo.


Museo Nacional de Artes Decorativas, Relojes de bolsillo de los siglos XVII y XVIII

Entre las piezas que podemos ver en los distintos expositores, encontramos algunos objetos de uso religioso, como un cáliz del siglo XIV, o una arqueta del XVI; preciosos relojes de bolsillo de los siglos XVIII y XIX; joyas, como colgantes y broches realizados en oro y adornados con piedras preciosas; un báculo34 de principios del siglo XX perteneciente al Obispo de Tuy (Pontevedra); una arqueta-relicario realizada en Toledo a mediados del siglo XVI y atribuida a Francisco Merino, la cual se hizo para contener como reliquia la cabeza del Papa Sixto II; y varios objetos de uso cotidiano, como una copa, un salero, o unos jarros.

Y aquí finalizamos nuestro recorrido por las plantas baja, primera y segunda del Museo Nacional de Artes Decorativas. En el segundo reportaje, podremos visitar los dos pisos que aún quedan, donde se han recreado diferentes espacios del siglo XVIII en estilo rococó35 y neoclásico38 (planta tercera), y un dormitorio fernandino del siglo XIX, una colección de azulejos del XVIII y la conocida como "cocina valenciana" (planta cuarta).


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Lourdes Morales Farfán es Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. ↑


AGRADECIMIENTOS

En "una Ventana desde Madrid", queremos dar las gracias a todos aquellos que desempeñan una labor dentro del Museo Nacional de Artes Decorativas, especialmente al personal del departamento de difusión, sin cuya ayuda y atención no habría sido posible la elaboración de este reportaje.

GLOSARIO

- 1 Hotel: Casa más o menos aislada de las colindantes y habitada por una sola familia.
- 2 Eclecticismo: En este contexto: Mezcla de varios estilos diferentes.
- 3 Sillar: Cada una de las piedras labradas, por lo común en forma de paralelepípedo rectángulo, que forma parte de una construcción de sillería.
- 4 Crujía: Tránsito largo de algunos edificios que da acceso a las piezas que hay a los lados. // Espacio comprendido entre dos muros de carga.
- 5 Lucernario: Claraboya. // Ventana abierta en el techo o en la parte alta de las paredes. // Linterna. // Torre pequeña más alta que ancha y con ventanas, que se pone como remate en algunos edificios y sobre las medias naranjas de las iglesias.
- 6 Escalera imperial: Se dice de aquella escalera que tiene un tramo de ida y dos tramos de vuelta, siendo éstos más estrechos que el primero, y paralelos y laterales a éste.
- 7 Invernáculo: Lugar cubierto y abrigado artificialmente para defender las plantas de la acción del frío.
- 8 Mudéjar: Se dice del estilo arquitectónico que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe.
- 9 Renacimiento: Época que comienza a mediados del siglo XV, en que se despertó en Occidente vivo entusiasmo por el estudio de la Antigüedad clásica griega y latina.
- 10 Delfín: Título que se daba al primogénito del rey de Francia.
- 11 Ajuar: En este contexto: Conjunto de muebles, enseres y ropas de uso común en la casa. // Hacienda, bienes, conjunto de objetos propios de una persona.
- 12 Tafetán: Tela delgada de seda, muy tupida.
- 13 Guadamecí: Cuero adobado y adornado con dibujos de pintura o relieve.
- 14 Cordobán: Piel curtida de macho cabrío o de cabra.
- 15 Andalusí: Perteneciente o relativo a Al Ándalus o España musulmana.
- 16 Morisco: Se dice del moro bautizado que, terminada la Reconquista, se quedó en España.
- 17 Hornacina: Hueco en forma de arco, que se suele dejar en el grueso de la pared maestra de las fábricas, para colocar en él una estatua o un jarrón, y a veces en los muros de los templos, para poner un altar.
- 18 Relicario: Lugar donde están guardadas las reliquias. // Caja o estuche comúnmente precioso para custodiar reliquias.
- 19 Condestable: En la Edad Media, hombre que ejercía la primera dignidad de la milicia.
- 20 Enjalbegar: Blanquear las paredes con cal, yeso o tierra blanca.
- 21 Bufete: Mesa de escribir con cajones.
- 22 Sillas a la portuguesa: Silla típica durante el siglo XVII, cuando el mobiliario se adapta a la decoración de las casas señoriales y a sus dueños. Se suele caracterizar por sus respaldos altos, mientras que el material más utilizado era el nogal oscuro. Destacan las formas torneadas y talladas, así como el añadido de chambranas, nombre que se le da a los travesaños que unen las patas de las sillas, u otros muebles, para darle mayor consistencia. En lo que concierne a los asientos y los respaldos, éstos eran de cuero repujado.
- 23 Clave: Clavecín. // Instrumento musical de cuerdas y teclado que se caracteriza por el modo de herir dichas cuerdas desde abajo por picos de pluma que hacen el oficio de plectros24.
- 24 Plectro: Palillo o púa que usaban los antiguos para tocar instrumentos de cuerda.
- 25 Hogar: Sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición, etc.
- 26 Arrimador: Tronco o leño grueso que se pone en las chimeneas para apoyar en él otros al quemarlos.
- 27 Trébede: Aro o triángulo de hierro con tres pies, que sirve para poner al fuego sartenes, peroles, etc.
- 28 Espetera: Tabla con garfios en que se cuelgan carnes, aves y utensilios de cocina. // Conjunto de los utensilios metálicos de cocina que se cuelgan en la espetera.
- 29 Alacena: Armario, generalmente empotrado en la pared, con puertas y anaqueles, donde se guardan diversos objetos.
- 30 Despensa: En una casa, una nave, etc., lugar o sitio en el cual se guardan las cosas comestibles.
- 31 Alfarería: Arte de fabricar vasijas de barro cocido.
- 32 Alcuza: Vasija de barro, de hojalata o de otros materiales, generalmente de forma cónica, en que se guarda el aceite para diversos usos.
- 33 Cenobio: Monasterio. // Casa o convento, ordinariamente fuera de poblado, donde viven en comunidad los monjes. // Casa de religiosos o religiosas.
- 34 Báculo: En este contexto, se trata del báculo pastoral, aquel que usan los obispos cristianos como pastores espirituales del pueblo creyente.
- 35 Rococó: Se dice del estilo barroco36 que predominó en Francia en tiempo de Luis XV.
- 36 Barroco: Se dice del estilo que en la arquitectura y en las artes plásticas se desarrolló en Europa e Iberoamérica durante los siglos XVII y XVIII, opuesto al clasicismo37 y caracterizado por la complejidad y el dinamismo de las formas, la riqueza de la ornamentación y el efectismo.
- 37 Clasicismo: Estilo literario o artístico fundado en la imitación de los modelos de la Antigüedad griega o romana.
- 38 Neoclásico: Corriente literaria y artística, dominante en Europa desde finales del siglo XVII hasta entrado el siglo XIX, que aspiraba a restaurar el gusto y normas del clasicismo.

DATOS DE INTERES

HORARIOS DE APERTURA/VISITA:

- Martes a sábados de 9:30 a 15:00 horas.
- Domingo y festivos: de 10:00 a 15:00 horas.

El museo permanece cerrado:

- Todos los lunes.
- Los festivos 1 y 6 de enero, 1 de mayo, 9 de noviembre, 24, 25 y 31 de diciembre.

LOCALIZACIÓN Y COMUNICACIONES:
TREN:
METRO: Estaciones de Banco de España y Retiro, Línea 2.

AUTOBÚS:

- Plaza de Cibeles, Líneas 1, 2, 5, 9,10, 14, 15, 20, 27, 34, 37, 45, 51, 52, 53, 74, 146, y 150.
- Puerta de Alcalá, Líneas 1, 2, 9, 15, 19, 20, 28, 51, 52, 74, y 146.

COCHE:

- Dirección museo: Calle Montalbán, 12.
- Aparcamientos públicos: C/ Montalbán.


Estos datos se han tomado, en abril de 2013, de la información que facilita en su web oficial el Museo Nacional de Artes Decorativas, no haciéndose "una Ventana desde Madrid (uVdM)" responsable de las posibles modificaciones de horarios y otros datos que puedan llevar a cabo en el futuro los organismos aquí citados.


BIBLIOGRAFIA Y ENLACES EXTERNOS:
- Varios autores: CURSO "EL TEXTIL Y LA INDUMENTARIA", Cristina Partearroyo Lacaba: Alfombras Españolas, páginas 73-117; Facultad de Geografía e Historia de la U.C.M., 2003; ISBN: 84-607-9593-4.
- Antonio José Granados Nieto: "El mobiliario de asiento: tres ejemplos de reconstrucción histórica", Museo Cerralbo, 2007; N.I.P.O. 511.07.003.4.
- Museo Nacional de Artes Decorativas
- Directorio de Museos y Colecciones de España. Museo Nacional de Artes Decorativas
- Grupo Español de Conservación
- Monumentamadrid
- DRAE

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