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una Ventana desde Madrid

Herencia de los Borbones, siglo XVIII

Carlos III (1759-1788)


Carlos III nació en el antiguo Alcázar de Madrid el 20 de enero de 1716. Era hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, y sus posibilidades de acceder al trono español eran bastantes escasas dada la existencia de los futuros reyes de España Luis I y Fernando VI, hijos de la primera esposa, la reina María Luisa de Saboya. Recibió la educación características para los infantes en la monarquía española. Hasta los siete años, fue educado y cuidado exclusivamente por mujeres y, a partir de entonces, un grupo de hombres se hizo cargo su formación. Fue instruido en botánica, geografía, historia general (tanto en su parte religiosa como laica y, en especial, la de España y Francia), táctica militar y náutica, idiomas español y francés y los dialectos florentino, lombardo y napolitano. Además, recibió una formación cortesana en la que estaban presentes el baile, la música y la equitación, aficionándose ya desde niño a la pesca y la caza, practicando esta última durante el resto de su vida.

  
 
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Retrocedamos ahora a 1714 y al Tratado de Utrecht para poder entender mejor los diferentes gobiernos de los que fue dirigente. Por dicho tratado, España había perdido todos los territorios de la península italiana que durante siglos habían pertenecido a la corona española: los Reinos de Cerdeña, Nápoles y Sicilia, además del Ducado de Milán. Esto había provocado en la Corte y la diplomacia españolas un irredentismo1 italiano en el que el infante Carlos iba a ocupar un lugar fundamental. En 1731, al morir Alejandro de Farnesio sin hijos ni descendientes directos, es nombrada su sobrina, Isabel de Farnesio, como reina de España, quien hereda los ducados de Parma y Plasencia. Como los tratados internacionales prohibían que una misma persona desempeñara a la par la soberanía de España junto a la de aquellos ducados, es su hijo Carlos quien, como Carlos I Duque de Parma, pasa a ser soberano de dichos territorios italianos. Posteriormente, durante la Guerra de Sucesión de Polonia (1733-1735), el duque, con la colaboración española, invade y conquista los antiguos reinos de Nápoles y de Sicilia que habían estado en poder de los austriacos desde el Tratado de Utrecht, pasando a ser Carlos VII como rey de Nápoles y Carlos V, como rey de Sicilia. A cambio, tuvo que ceder a los austriacos los ducados de Parma y Plasencia. El 10 de agosto de 1759, al morir Fernando VI sin sucesión, Carlos VII pasa a convertirse en Carlos III de España, cediendo los reinos de Nápoles y Sicilia a su hijo Fernando, quien reinaría en ellos como Fernando IV. Esta cesión era algo obligado, ya que los tratados internacionales tampoco permitían la soberanía de estos reinos y la de España por una única persona.

Madrid, Estatua de Carlos III en la Plaza Puerta del Sol

Es así como Carlos III llega a convertirse en rey de España un 9 de diciembre de 1759 y como ésta recibe por soberano a quien tiene 28 años de experiencia en el gobierno de diversos territorios. En Madrid, tras la muerte de su esposa, la reina María Amalia, y para sorpresa de la Corte, no vuelve a casarse, volcando sus energías en la acción de gobierno.

Considerado el soberano más representativo en España del Despotismo Ilustrado2, durante su reinado se enfrentó al poder de la nobleza y al de la Iglesia, expulsando además a los Jesuitas. Bajo su gobierno, la burguesía española comienza a desarrollarse gracias a las dos ciudades portuarias más importantes en la España de entonces, Cádiz y Barcelona. No sigue la política neutral de su antecesor, Fernando VI, y tras la ocupación inglesa de Honduras, entra en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) junto a Francia con un resultado desastroso, perdiendo La Habana y Manila a manos de los ingleses y siendo luego recuperadas al cederles a éstos a cambio la Florida y diversos territorios en el Golfo de México. Asimismo, Portugal conquista la colonia de Sacramento, en el actual Uruguay. Los franceses ceden en compensación la Luisiana a España, quien podía defenderla mejor que aquellos. En 1776, comienza la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, conflicto que duraría hasta 1783. España ayuda al principio a los americanos de manera encubierta y es en 1779 cuando entra en guerra con Inglaterra, recuperando Honduras, Florida, Menorca y Sacramento. No ocurre lo mismo con Gibraltar, al no haberlo podido reconquistar las tropas españolas. Una herencia de su reinado no demasiado conocida en relación a su importancia es la adopción como tales de los actuales bandera e himno nacionales.

Conocido como el mejor Alcalde de Madrid, continuó la labor de su hermano Fernando VI en la transformación y mejora de la ciudad, a pesar de que apenas pasaba en ella unos 70 días al año, concentrados éstos en Navidad, Semana Santa y principios de julio. El resto del año, repartía su residencia entre los Reales Sitios de Aranjuez, El Escorial, El Pardo, o La Granja. Es con Carlos III con quien se terminan las obras del Palacio Real, se construyen unos nueve mil pozos de nieve, comienza el alumbrado público mediante parrillas de aceite, disponiendo además de unas reservas con aproximadamente ocho mil de ellas para poder cubrir las necesidades de iluminación durante seis meses en caso de que hubiera dificultades en su aprovisionamiento. Se transforman los Prados de Atocha y Jerónimos en ese gran paseo que en el Siglo de las Luces4 debía tener toda ciudad que quisiera ser digna de él. Finalmente, tras un reinado con muchas más luces que sombras, muere en Madrid el 14 de diciembre de 1788. Veamos ahora algunos de los edificios y monumentos construidos durante su reinado y que aún existen en el Madrid de hoy.

Madrid, Casa de Correos

La Casa de Correos es el resultado de un concurso convocado durante el reinado de Fernando VI en el que resultó seleccionado el proyecto del arquitecto francés Jaime Marquet frente al del español Ventura Rodríguez, desarrollándose su construcción entre los años 1766 y 1768. No obstante, los derribos de los edificios existentes en el solar donde luego se levantará la Casa de Correos se desarrollaron en 1756, siendo Ventura Rodríguez el encargado de estas labores, el cual mantenía la esperanza de que resultara elegido su proyecto.

A diferencia del estilo italiano imperante en los edificios diseñados por Sabatini, como la Real Casa de la Aduana o la Puerta de Alcalá, la Casa de Correos, en opinión de algunos autores, guarda cierta semejanza con varios edificios franceses del siglo XVIII, pudiendo notarse esto en la suave combinación de colores formada por la piedra blanca y el ladrillo anaranjado de la fachada. Compuesta ésta por dos cuerpos y un ático, en el cuerpo bajo se integran dos plantas de diferentes alturas, estando el cuerpo de entrada en la fachada principal realizado todo él en piedra y sin ladrillo, diferenciándose así del resto del edificio. En él se integra el único arco existente en el edificio, destacando éste al abarcar las dos alturas del piso bajo. La imposta5 separa el cuerpo bajo del superior, teniendo este último un único piso.

El resultado final fue algo diferente a lo proyectado por Jaime Marquet, ya que el único patio existente en el proyecto se vio duplicado y la Escalera de Honor prevista no se construyó nunca, siendo un problema constante la comunicación entre los diferentes pisos. Por ello, los madrileños, con su particular ironía, dicen que durante la construcción del edificio se olvidaron de las escaleras.

La escultura del inmueble, obra de Antonio Primo, se concentra básicamente en el tímpano6 del frontón7, en el que está presente el escudo real enmarcado por dos leones con trofeos bélicos; un mascarón8 en la clave9 del arco de entrada; y cuatro cabezas de león sujetando cada uno una argolla con la boca.

En 1847, pasa a ser Ministerio de la Gobernación, añadiéndosele en 1866 la torrecilla que hoy vemos sobre el frontón para alojar en ella el reloj que existía en la derribada Iglesia del Buen Suceso y que posteriormente se sustituyó por el actual, que fue un regalo del célebre relojero Losada. Tras la Guerra Civil Española (1936-1939), pasó a acoger la Dirección General de la Seguridad del Estado y desde 1998, el edificio es sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Localización: Plaza de la Puerta del Sol, 7, Calle del Correo, Calle de San Ricardo, s/n y Calle de Carretas, 2. 28013 Madrid.


Madrid, Basílica de San Francisco el Grande, foto realizada desde lo alto de la Calle Carrera de San Francisco

Los monjes franciscanos llegaron a las afueras de Madrid durante el siglo XIII, siendo los primeros en tener convento en la ciudad, o más certeramente, en las afueras de ella, alrededor del cual fue creciendo un barrio. Según la leyenda, es el mismo San Francisco de Asís el constructor del templo en 1217 y en él estaban enterrados importantes personajes como Ruy González de Clavijo, Enrique de Villena, o la reina Doña Juana. Durante el transcurso de los siguientes siglos, se fueron incorporando al convento instituciones como el Comisariado General de Indias, o la Obra Pía de Jerusalén. Esta última se encargaba de custodiar los Santos Lugares allí existentes, por lo que disponía de una importante cantidad de dinero llegada hasta ella en forma de limosnas. Dada la importante posición que para entonces había logrado la Orden y el poder contar con el favor real al ser la Orden favorita de Carlos III, se decide en 1760 construir un nuevo templo acorde con dicha situación; éste debería ser el mayor de la ciudad, autorizando para ello el Papa la utilización de parte de los fondos con que contaba la obra Pía de Jerusalén, dieciocho millones de reales de un total de treinta y seis.

Madrid, Basílica de San Francisco el Grande

De los primeros planos se encargó Ventura Rodríguez, quien vio rechazado su proyecto al diseñar un templo de cruz latina y no seguir los deseos de los hermanos franciscanos que querían que tuviera una gran cúpula10. Es así como en 1761 se encarga de la construcción de la Basílica de San Francisco el Grande el arquitecto valenciano Fray Francisco Cabezas, a quien auxilió en el diseño el ingeniero militar José de Hermosilla, autor de los planos que fueron presentados a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En dichos planos, existía una gran cúpula de 33 metros de diámetro que, al proyectar una gran fuerza horizontal sobre los muros, se convirtió en una fuente de problemas para todos los arquitectos que participaron en las obras del templo. En el diseño original, la cúpula se apoyaba sobre un gran tambor11 formado por columnas y esta parte fue la más discutida por los arquitectos Ventura Rodríguez y Diego de Villanueva, quienes sostenían la imposibilidad de que así pudiera sustentarse. Cabezas no pudo soportar todos estos ataques, cediendo la dirección del proyecto a Antonio Plo en 1770 y volviendo a su tierra, donde murió tres años después. Plo cerró la cúpula, pero desechando la idea de tambor, por lo que la iglesia perdió un poco de proporcionalidad. En relación a la cúpula, cabe señalar el enfrentamiento que hubo entre Villanueva y Ventura al examinar los apoyos de aquella, al proponer el primero construir en los cimientos un panteón con rotonda y columnas adosadas a los pilares. La crítica de Ventura fue de tal magnitud que la Academia se vio obligada a amonestar a los dos arquitectos.

Madrid, Basílica de San Francisco el Grande, foto lateral donde se pueden ver la Dalieda, los arcos ciegos de las ruinas del convento y las linternas de las capillas de este lateral

En 1774, Francisco Sabatini sustituye a Antonio Plo, encargándose de terminar la fachada, quitando de ella los adornos previstos en los planos iniciales y construyendo las seis capillas laterales junto a sus respectivas linternas12, copias estas últimas a menor escala de la existente sobre la cúpula central. Añadió dos torres-campanarios delanteras, una solución basada en los campanarios que Bernini situó a ambos lados del frontón del Panteón de Agripa en Roma y del que fueron eliminados a finales del siglo XIX. Esta disposición con sus cuadradas formas encaja dificultosamente en la esfericidad de San Francisco el Grande. Junto al templo, construyó el nuevo convento, el cual fue derribado en el siglo XX para poder permitir la comunicación entre la Calle de Bailén y la Puerta de Toledo. No obstante, éste había dejado ya de ser convento en 1836 tras la desamortización de Mendizábal, momento en que pasó a ser utilizado como cuartel. Parte de su solar lo ocupa hoy el Parque de la Dalieda de San Francisco.

En 1784, se terminan la iglesia y el convento, comenzando entonces la decoración de la iglesia, contando con obras de famosos artistas como los Hermanos Bayeu, Maella, o el mismísimo Goya. Durante la ocupación francesa, el rey intruso, José Bonaparte, quiso utilizar el templo como Salón de Cortes, encargando el diseño de un viaducto neoclásico que, cruzando la Calle Segovia, uniera el Palacio Real y San Francisco el Grande. En 1878, Cánovas del Castillo, dispone que el dinero acumulado por la Obra Pía se utilice en mejorar la decoración del templo, transformando la existente en él, propia del siglo XVIII, por la característica de finales del siglo XIX. Al terminar la Guerra Civil Española, vuelven los franciscanos al templo y la Obra Pía de Jerusalén pasa a depender del Ministerio de Asuntos Exteriores.

La cúpula del templo, con sus 33 metros de diámetro, es la mayor de España, siendo sus dimensiones superiores a la de Los Inválidos de París, de 24 metros; la de San Pablo, en Londres, de 31 metros; y el Panteón de París, de 27 metros. Es inferior, eso sí, a la de San Pedro, en El Vaticano, que cuenta con 42 metros.

El 19 de octubre de 1980 es declarado Bien de Interés Cultural.

Localización: Plaza de San Francisco. 28005 Madrid.


Madrid, Real Casa de la Aduana

El edificio que lleva el nombre de Real Casa de la Aduana fue construido como ampliación de lo que se conoce como "aduana vieja", un antiguo inmueble levantado en 1645 en la desaparecida Plazuela de la Leña (hoy Calle de la Bolsa). A lo largo del siglo XVIII, esta aduana real se hizo cargo no sólo de sus propias competencias, sino también de las distintas Direcciones de Rentas Generales y Provinciales del reino y de las rentas estancas13 de la Corona como eran el tabaco (que por entonces se encontraba en el Palacio de Goyeneche), la sal, los aguardientes, etc. Debido a ello, esa antigua aduana se quedó pequeña, por lo que Carlos III encargó a Francisco Sabatini, en el año 1761, la construcción de un nuevo edificio que sería terminado en 1769 y que se convertiría en la primera gran obra civil llevada a cabo por el monarca junto con la Casa de Correos. La localización elegida sería donde estaban las caballerizas de la reina Isabel De Farnesio en la Calle de Alcalá, extendiéndose a las casas contiguas pertenecientes a Don Feliciano de la Vega y al Conde de Saceda, así como a las de la parte posterior.

La Aduana tomaría referencias constructivas de los palacios italianos. Levantada en piedra y ladrillo, está compuesta de un zócalo sobre el que hay dos cuerpos. El primero, almohadillado, consta de dos pisos y en él hay tres entradas realizadas mediante arcos de medio punto14, estando sobre la del centro un balcón que nos da la idea de simetría del resto del edificio; por encima del vano15 central de este balcón podemos ver un conjunto escultórico realizado por Roberto Michel y que representa a dos ángeles o Famas sosteniendo el escudo de Carlos III; de él son también las esculturas con forma de león que vemos sobre las puertas, cuyas piedras para hacerlas fueron traídas desde Borba (Badajoz). Por otro lado, el segundo cuerpo está compuesto de tres pisos, estando los vanos del primero de ellos adornados con frontones que alternan entre curvos y triangulares. Finalmente, el inmueble está rematado por una gran cornisa.

En el interior, la planta está organizada en torno a tres patios, dos que enmarcan el vestíbulo que lleva a las escaleras, y uno que está al fondo del edificio, siendo este último de forma rectangular y el más grande de los tres. En este patio era donde se llevaba a cabo la carga y descarga de las mercancías, las cuales se protegían de la lluvia o el viento gracias a los tres lados porticados existentes. La escalera principal cumple también una función organizativa, ya que une el resto de elementos. Además, hay que tener en cuenta que Sabatini realizó un total de 14 escaleras en todo el edificio, de manera que así se garantizaba una cómoda comunicación vertical entre los cinco pisos y los dos sótanos. En la actualidad, alberga las dependencias del Ministerio de Economía y Hacienda. En el año 1944, el edificio fue ampliado por el arquitecto Miguel Durán Salgado. Para ello, construyó un inmueble en el solar contiguo donde estuvo en su día el desaparecido Palacio del Marqués de Torrecilla y del que aún se conserva su portada, realizada por Pedro de Ribera.

Localización: Calle de Alcalá, 9 y 11. 28014 Madrid.


Madrid, Palacio del Secretario de Estado

El Palacio del Secretario de Estado, también conocido como Palacio del Marqués de Grimaldi y como Palacio de Godoy, fue mandado construir por el monarca a Sabatini en 1776, año que ocupaba el cargo de Secretario el ya mencionado Marqués. Sin embargo, cuando fue inaugurado, en 1782, dicho cargo lo ostentaba el Conde de Floridablanca. Su emplazamiento cerca del Palacio Real y la firmeza de su arquitectura han hecho de él un edificio que, a lo largo de los años, ha tenido los más diferentes usos. Tras tomar las tropas francesas la ciudad de Madrid, Murat se asentó en el inmueble. Siendo residencia de Godoy, adquiere su mayor esplendor. En 1807, cuando éste obtiene el Palacio de Buenavista, el edificio se convierte en Consejo del Almirantazgo hasta el año 1819, momento en que lo pasó a ocupar la Biblioteca Real. Unos años más tarde, en 1826, fue sede de los Ministerios de Gracia y Justicia, Guerra, Marina y Hacienda. El 29 de noviembre de 1846, un incendio obliga a trasladar estas dependencias, quedando en el palacio sólo el Ministerio de la Marina al que se le agregaría, en 1844, el Museo Naval. A lo largo del siglo XIX, también fue alojamiento de las futuras reinas María Cristina de Austria (esposa de Alfonso XII) y Victoria Ana de Battenberg (mujer de Alfonso XIII). En 1941, se instaló en él el Museo del Pueblo Español, para lo que el arquitecto Fernando Moreno Barberá amplió y reformó el inmueble por la Calle de Bailén, siendo acabadas las obras en 1943 por Luis García de la Rasilla. Finalmente, en la actualidad, es sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Al no ser el solar elegido por Carlos III una gran superficie, el arquitecto italiano adaptó la obra construyendo una escalera que más adelante, siendo residencia de Manuel Godoy, sería ampliada por el decorador Jean Démosthéne Dugourc. La fachada diseñada por Sabatini constaba de dos cuerpos separados por una imposta, adornando los huecos del inferior con guardapolvos16 y abriendo pequeñas ventanas en la entreplanta. Los balcones se ornaron con frontones en forma de triángulo en cuyo centro abrió huecos circulares. La puerta de entrada es un arco de medio punto sujetado por ménsulas17 de piedra berroqueña18. Siendo vivienda particular de Godoy, el palacio fue ampliado hacia la Calle Nueva (hoy Calle de Bailén) y decorado interiormente de la mano del ya mencionado Dugourc y de los artistas que ya trabajaban en la decoración del Palacio Real. La colección de pinturas que llegó a albergar el palacio fue impresionante, contando con obras de Goya, Velázquez, Ribera, o Veronés, por mencionar una pequeña muestra de los 1.022 cuadros que llegó a adquirir. En el año 1929, la Calle de Bailén fue agrandada, por lo que la ampliación construida por Godoy fue derribada, trasladando las obras más valiosas al reciente edificio del Ministerio de la Marina, levantado en 1915 en el Paseo del Prado, esquina con la Calle de Montalbán. Así, el palacio se redujo a la mitad, conservándose la escalera de Dugourc y algunos salones con las bóvedas pintadas por Jacinto Gómez Pastor, Juan de Mata Gálvez y Zacarías González Velázquez.

En 1962, fue declarado Monumento Histórico-Artístico y el 6 de octubre de 2000, Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento.

Localización: Plaza de la Marina Española, 9. 28013 Madrid.


Madrid, Hospital General de San Carlos

La decisión de construir el que luego sería el Hospital General de San Carlos se toma varios años antes de empezar su construcción. Es en 1748, reinando Fernando VI, cuando mediante un decreto del 24 de diciembre de dicho año el rey alude al "lamentable estado" en que se encuentra el Hospital General de Madrid y plantea la necesidad de construir uno nuevo en la zona ocupada por los antiguos hospitales de General y de la Pasión, así como las zonas aledañas a los mismos, para así poder contar con un establecimiento que tenga las medidas necesarias para poder asumir su papel de Hospital General. Es en 1755 cuando la Junta de Hospitales solicita a varios arquitectos que presenten sus proyectos para la construcción de dicho establecimiento, resultando elegido el presentado por el ingeniero militar José de Hermosilla, en detrimento, una vez más, de Ventura Rodríguez, quien también optaba a su construcción.

Bajo la dirección de Hermosilla, las obras no avanzaron con la celeridad deseable debido fundamentalmente a problemas económicos. Los primeros 600.000 maravedíes para poder facilitar el inicio de las obras los adelantaron los Cinco Gremios Mayores19 de Madrid; a este importe se le fueron añadiendo diferentes cantidades procedentes de concesiones reales particulares, limosnas y rifas, así como otro tipo de facilidades económicas, al estar libres de pagar portazgo20 los materiales destinados a estas obras. Como podemos ver, ingresos todos ellos muy de agradecer, pero totalmente discontinuos. Es en 1761 cuando se obtiene el primer ingreso regular consistente en 16 maravedíes de recargo por cada libra de tabaco, un dinero que se utilizó a partir de septiembre de dicho año para devolver el dinero que adelantaron los Cinco Gremios Mayores.

Las dificultades financieras continuaron y en abril de 1769, ante las diferencias existentes entre Hermosilla y la Junta de Hospitales, esta última propone consultar a Sabatini su posible aceptación para tomar el control de las obras, algo a lo que contesta afirmativamente el italiano, quien es nombrado en mayo por Carlos III nuevo director de las obras.

Madrid, Hospital General de San Carlos y Conservatorio de Música

El hospital diseñado por Sabatini era gigantesco y se organizaba alrededor de cinco patios pequeños y uno grande que, dividido el conjunto de forma simétrica, dejaba la parte izquierda para los hombres y la derecha para las mujeres. En el centro de los cinco patios pequeños, se situaba la iglesia y en el pequeño patio tras de ésta, un jardín botánico para los boticarios, quienes también dispondrían de un laboratorio en el sótano. Para facilitar la circulación, el arquitecto situó las escaleras en las esquinas, estableciendo los corredores cercanos a ellas. El conjunto del proyecto se suele comparar con el Monasterio de El Escorial al tener la iglesia en el centro y precedida por un patio interior. Es conveniente resaltar la sorpresa experimentada por los viajeros extranjeros al comprobar que cada cama era ocupada por un único enfermo, al contrario que en otras ciudades europeas. Las obras se pararon en 1777, nuevamente por falta de fondos, continuando en 1778 tras una concesión de 4,5 millones de reales. Se prioriza la terminación del Patio Grande para, a continuación, continuar con el lateral llamado Niño Perdido. Tras el fallecimiento de Francesco Sabatini en 1797, las obras fueron eternizándose. De todo lo proyectado sólo se terminó como hospital los edificios que formaban el Patio Grande, donde hoy se encuentra el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. El lateral Niño Perdido no se terminó y en 1904 lo modificó Cesáreo Iradier, separándolo del Hospital y ocupándolo hoy día la sede del Conservatorio de Música. En él, podemos observar la semejanza de los huecos de su fachada con los del Hospital General. Donde debía haberse construido la fachada principal, dando a la Calle Atocha, se construyeron viviendas a finales del siglo XIX, lo mismo que ocurrió en el espacio previsto para el otro lateral, enfrente del llamado Niño Perdido. La iglesia prevista inicialmente, situada dentro del cuadrado definido por estos cuatro laterales, delante de donde hoy está la entrada principal al Museo Reina Sofía, no se llegó a construir nunca.

El hospital comenzó a funcionar como tal desde 1781 hasta 1965, año en que se abandonó. Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1977, desde 1986 se utilizó como centro expositivo hasta que en 1990 pasó a ser la sede del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, función con la que continúa hoy en día.

Localización: Calle de Santa Isabel, 52. 28012 Madrid.


Madrid, Puerta de Alcalá

La Puerta de Alcalá que ha llegado a nuestros días es la que levantó Sabatini por orden de Carlos III en el año 1778 en el mismo lugar donde anteriormente había estado la construida para conmemorar la entrada en Madrid de la reina Margarita de Austria, mujer de Felipe III. Cabe mencionar que cuando Carlos III accede al trono, la ciudad contaba con cinco puertas reales: Alcalá, Atocha, Bilbao, Segovia y Toledo. Además, también había otras doce de menor importancia denominadas portillos: Campanilla, Conde Duque, Embajadores, Gerimón, La Vega, Las Vistillas, Recoletos, San Bernardino, San Vicente, Santa Bárbara, Santo Domingo y Valencia. Todo ello se puede consultar con más detalle en el reportaje dedicado a las Murallas, cercas y puertas de Madrid. Así, la Puerta de Alcalá era el paso hacia la carretera de Zaragoza y al Nordeste de la Península. Para el monarca, ésta sería un elemento de embellecimiento de Madrid, convirtiéndose en el símbolo de la Ilustración en la ciudad.

Tres fueron los arquitectos que hicieron dibujos para este proyecto: José de Hermosilla, de quien se han perdido los originales y sólo han quedado algunas referencias en documentos escritos; Ventura Rodríguez, del que se conservan hasta cinco proyectos distintos; y Francisco Sabatini, siendo su primer diseño del año 1769 y en el que ya se plantean los cinco elementos verticales que compondrían la puerta y su división en un cuerpo principal y un ático. Con el planteamiento final se mejoró su construcción: el ático sería el centro del conjunto; el hueco del centro, cerrado en el proyecto original, se abre con un arco de medio punto; y los huecos laterales permanecen con su forma adintelada21 y más pequeños para que resalte el central.

Madrid, Puerta de Alcalá, cara exterior

Es imprescindible apuntar que las dos caras de la Puerta de Alcalá son diferentes entre sí. La que quedaba en la parte exterior de la ciudad era la que tenía mayor importancia, de tal modo que las columnas que tiene adosadas son las que organizan el conjunto y el ático se remata con un frontón curvo coronado con un magnífico grupo escultórico del que hablaremos más adelante. Por otro lado, la parte que da al interior se adorna con pilastras22, el frontón es de forma triangular y las esculturas se inclinan a los lados. Los escultores fueron Francisco Gutiérrez, quien hizo los escudos de armas, y Roberto Michel, autor de las tres cabezas de león que hay en las claves de los arcos interiores (símbolo de la realeza), así como de las cornucopias23 cruzadas que hay en los huecos laterales (alegoría de la prosperidad) y los trofeos militares (referentes a la fuerza militar para conseguir la paz). Cabe destacar, sin duda, el conjunto de niños sentados que hay sobre la cornisa del lado que daba al exterior de la ciudad y que simbolizan las cuatro virtudes cardinales de la Prudencia, la Templanza, la Fortaleza y la Justicia, todas ellas atribuidas a Carlos III. Todas las piezas escultóricas fueron hechas con piedra blanca caliza proveniente de Colmenar de Oreja (Madrid).

Localización: Plaza de la Independencia. 28001 Madrid.


Madrid, Puerta de San Vicente

Los orígenes de la Puerta de San Vicente los tenemos en una anterior realizada en 1726 durante el reinado de Felipe V por Pedro de Ribera cerca de donde hoy vemos la actual puerta. Ésta sustituía a un portillo anterior que estaba en ruinas y el nombre se le dio por tener sobre el arco central una imagen de San Vicente Ferrer. Recordemos que toda la zona había sido urbanizada por el Marqués de Vadillo y que el camino de El Pardo, cuyo comienzo estaba en el Paseo de la Florida, fue embellecido inicialmente por Fernando VI, continuando durante el reinado de Carlos III. Así, el monarca mandó demoler la puerta de Ribera, de estilo barroco, en el año 1770 y construir una nueva de la mano de Francisco Sabatini dirigiendo la obra y José de la Ballina, aparejador de la Fábrica de Palacio, como asistente del arquitecto. Sabatini presentó varios proyectos, basándose todos ellos en una puerta con un arco central y dos huecos adintelados en los laterales, idea que finalmente se llevaría a cabo rematando, además, el arco del centro con un frontón triangular. Todo ello estaría construido con piedra de Colmenar. La parte escultórica sería obra de Francisco Gutiérrez, quien remataría el frontón con un trofeo militar compuesto por banderas, una aljaba24, un casco y un escudo con máscara.

Sin embargo, la Puerta de San Vicente construida por Sabatini en 1775 fue derribada en 1890. Se desconoce de momento si los restos fueron usados en otras construcciones o si descansan en un almacén municipal. Así, la puerta que contemplamos actualmente es una replica realizada en 1995 basada en los planos conservados y en una foto hecha por J. Laurent en 1890. Gracias a dicha imagen, podemos ver cómo las caras de la puerta actual están orientadas al revés de como estaba la original. Esta replica conserva las molduras de las cornisas superiores de la obra de Sabatini, siendo las esculturas actuales de José Luis Parés Parra.

Cabe mencionar que Sabatini también diseñó para el entorno la llamada "Fuente de los Mascarones". Labrada por Gutiérrez y colocada junto a la puerta, estaba compuesta por un pilón tetralobulado con un cuerpo de granito en el centro. En cada una de las caras de éste cuerpo central, había un mascarón con la cara de un anciano que representaba un río saliendo por su boca y depositándose en una concha antes de llegar al pilón. Rematando el conjunto, había un niño que tocaba una caracola y un delfín que echaba agua por la boca. Y hablamos en pasado porque, lamentablemente, la fuente fue derribada cuando se construyó el "asilo de lavanderas", fundación hecha por la reina Victoria, esposa del rey Amadeo de Saboya.

Localización: Glorieta de San Vicente, s/n. 28008 Madrid.


Madrid, Fuente de Cibeles

La Fuente de Cibeles fue concebida como parte de un conjunto integrado en lo que se daría a conocer como el Salón del Prado; conjunto que se completaría con la Fuente de Neptuno y la Fuente de Apolo. El encargo de las trazas de este nuevo paseo sería, en 1767, para José de Hermosilla, mientras que las fuentes fueron diseñadas por Ventura Rodríguez en 1776, todo ello por orden del Consejo de Castilla, cuyo presidente era el Conde de Aranda. El plan de embellecimiento consistía, además de la inclusión de las fuentes, en ensanchar el Paseo del Prado entre Cibeles y Atocha, donde se plantarían una serie de árboles. El llamado Salón del Prado sería el tramo comprendido entre Cibeles y Neptuno.

De este modo, las esculturas de la Fuente de Cibeles se iniciaron en 1780 y fueron terminadas en el año 1782, siendo realizada la diosa por Francisco Gutiérrez, los leones por Roberto Michel y la ornamentación general por Miguel Ximénez. Situada originalmente al inicio del Paseo de Recoletos, mirando hacia Neptuno, a finales del siglo XIX, en 1895, fue trasladada al centro de la plaza donde la vemos hoy, mirando hacia la Puerta del Sol. Este cambio supuso que se decidiera aumentar la decoración en la parte trasera del carro, donde se incluyeron unos niños con jarrones de donde brota el agua, obra de Miguel Ángel Trilles de 1906. También en 1895, se colocó a su alrededor una verja de hierro, pero fue retirada ya en el siglo XX; hoy día, dicha verja rodea la sede del Escuadrón y Banda de la Policía Municipal de Madrid. Medio siglo antes y bajo las ordenes de Juan de Villanueva, Alfonso Giraldo Bergaz realizó las figuras de un grifo25 y un oso de los cuales manaba agua; sin embargo, fueron retirados a mediados del siglo XIX y hoy se pueden ver en el Museo de los Orígenes de Madrid.

Madrid, Fuente de la Cibeles, león

La fuente está cargada de simbolismo mitológico. Cibeles, diosa de la fertilidad y símbolo de la Tierra, está subida a un carro y porta en la mano derecha un cetro, alegoría del poder universal, y en la izquierda las llaves de la ciudad. El carro está tirado por leones, animales en los que fueron transformados Hipómenes y Atalanta como castigo tras haber hecho el amor en un templo de Zeus. Un oráculo26 había advertido a Atalanta de que si se unía a un mortal, ella correría un gran peligro. Tras las presiones de su padre, ella decidió organizar una carrera tras la cual se casaría con el vencedor y mataría al perdedor. Así, Hipómenes corrió la carrera con la ayuda de tres manzanas de oro que le había dado Afrodita: cada vez que se iba quedando atrás, tiraba una manzana al suelo que sería recogida por Atalanta. Finalmente, ganó la carrera y el amor de ella, pero sucedió la tragedia que había anunciado el oráculo. Instantes después de una cacería, ambos se fueron a un templo dedicado a Zeus y allí hicieron el amor, siendo castigados por el dios, que les convirtió en leones.

Localización: Plaza de Cibeles, s/n. 28014 Madrid.


Madrid, Palacio de Altamira

El Palacio de Altamira que vemos en la actualidad no es, ni por asomo, el proyecto original que se había ideado, sino un plan que nunca llegó a terminarse, ya que se tenía previsto que el edificio fuera de similar envergadura a la del Palacio Real. Además, se cuenta que Carlos III influyó para que no se terminara, ya que podría eclipsar simbólicamente el poder real que representaba la grandiosidad del palacio del monarca. Ya sea por este motivo o por falta de financiación, el palacio de Ventura Rodríguez nunca llegaría a construirse conforme a los planos originales.

Pero para conocer los orígenes del Palacio de Altamira debemos remontarnos al siglo XVII. Don Diego Felipe de Guzmán, Marqués de Leganés y de Poza, compra una serie de casas en las calles de los Convalecientes (hoy San Bernardo) y de la Flor Alta con el fin de agrandar la suya propia haciendo de ella un palacio. En 1642, consigue licencia para su construcción, encargando las trazas a Juan Gómez de Mora. En los años siguientes, el marqués iría adquiriendo viviendas próximas para ampliar los jardines y construir caballerizas y cocheras. Más adelante, en 1711, Antonio Gaspar de Moscoso Osorio y Benavides, IX Conde de Altamira y IV Marqués de Leganés, hereda el palacio, convirtiéndolo en su residencia. Finalmente, en 1772, el también Conde de Altamira Ventura Osorio de Moscoso decide derribar el edificio y encarga la construcción del nuevo palacio a Ventura Rodríguez.

En extensión, los planes eran que ocupara toda la manzana de las calles San Bernardo, de la Cueva (actual Marqués de Leganés), de Ceres (actual de los Libreros) y de la Flor Alta. Éste constaría de semisótano, planta baja, planta principal, segundo piso y buhardillas. En el exterior, la fachada presentaba cuatro órdenes de vanos, un cuerpo central con seis columnas estriadas27 y pilastras de orden compuesto, y una portada principal formada por tres arcos de medio punto. Los vanos originales iban a estar rematados por frontones triangulares, siendo curvos, como vemos ahora, los que se hicieron en el proyecto definitivo. En el interior, se organizaría en torno a un patio central, llegando a incluirse en el proyecto hasta un total de 67 dependencias, algo que se ha podido saber gracias a las anotaciones hechas por Ventura Rodríguez en los planos, los cuales se encuentran en el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las similitudes con el Palacio Real eran numerosas: la localización del patio, la escalera imperial y la capilla privada con planta oval. En las obras, iniciadas en 1773, le ayudaría su sobrino Manuel Martín Rodríguez, quien le sucedería al frente de ellas tras su muerte. En 1784, se realiza un pasadizo volado para comunicar el palacio principal con otra casa que el Conde tenía enfrente.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), las tropas francesas usaron el palacio como cuartel. Cuando acabó la contienda, se realizó un inventario y una descripción de todo lo sustraído por los franceses en el palacio y el archivo del Conde de Altamira: joyas, documentos, pinturas, muebles, ropas, etc. Del saqueo, no pudo recuperarse nada, mientras que algunas obras de arte han sido vistas en algunos museos europeos. A finales de los años 40 del pasado siglo XX, el palacio fue sede de la Escuela de Peritos Industriales de Madrid hasta que, alrededor de 1958, se trasladó a la Ronda de Valencia. En ese momento, el edificio pasó a acoger la Escuela de Maestría Industrial de Delineantes y de la Construcción. El 10 de junio de 1977 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y en la actualidad, acoge una de las sedes en Madrid del Istituto Europeo di Design, para cuya instalación en él tuvo que emprenderse una profunda reforma del palacio, obras que se llevaron a cabo de la mano del arquitecto Gabriel Allende y que permitieron la reapertura de este palacio en 2006.

Localización: Calle de la Flor Alta, 8. 28004 Madrid.

Madrid, Fuente de Neptuno

En el año 1777, Ventura Rodríguez diseña la Fuente de Neptuno para ser instalada en el Salón del Prado, concretamente en el cruce con la Carrera de San Jerónimo. De esta manera, este tramo del paseo quedaba con la Fuente de Cibeles en un extremo y la de Neptuno en el otro, diosa de la Tierra y dios del Mar enfrentados. Las esculturas de esta última, realizadas en mármol blanco, no fueron terminadas hasta 1782 y son obra de Juan Pascual de Mena y su discípulo José Arias, siendo acabado el monumento en 1786 de la mano de Manuel Tolsá.

Simbólicamente, Neptuno tiene en la mano derecha una serpiente, mientras que en la izquierda porta su tridente. El carro, tirado por caballos marinos, está formado por una concha y dos ruedas. Alrededor de éste, hay delfines y focas de los que brota agua. Su emplazamiento original era mirando de frente a la Fuente de Cibeles, pero en 1895, año en que se realiza una reforma en las dos plazas, la Fuente de Neptuno fue girada como ya pasara con la de la diosa, quedando así como la vemos hoy día hacia la Carrera de San Jerónimo.

Localización: Plaza de Cánovas del Castillo, s/n. 28014 Madrid.


Madrid, Palacio de Buenavista

El origen del Palacio de Buenavista lo tenemos en un edificio anterior al que ahora contemplamos. Dicho palacio fue construido en el siglo XVII en un lugar elevado en el cruce de la Calle de Alcalá con el Paseo de Recoletos. En 1753, es adquirido por el Marqués de la Ensenada, pasando a ser residencia de la reina Isabel de Farnesio seis años después. Cuando ésta muere, lo compra Don Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII Duque de Alba, y le encarga a Ventura Rodríguez que haga un proyecto para un nuevo diseño de los jardines. El duque moriría en 1776, heredando el título su nieta, Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo. Un año después, se llevó a cabo el derribo del antiguo Palacio de Buenavista para proceder a levantar uno nuevo siguiendo las trazas del arquitecto Juan Pedro Arnal, quien dirigía las obras cuando dos incendios destrozaron lo que se había construido hasta el momento, lo que conllevó a que cuando la duquesa muere en 1802, lo haga sin poder ver terminado el que iba a ser su palacio. Como no tenía descendencia, la duquesa decide legar el edificio a los tres médicos que la habían atendido estando enferma.

Más adelante, en 1807, el palacio sería comprado por el Ayuntamiento, que lo regalaría a Manuel Godoy. Tras el Motín de Aranjuez, ocurrido en marzo de 1808, Godoy cae en desgracia y sus bienes le son incautados por el Ayuntamiento madrileño, aunque el palacio nunca acabaría siendo de su propiedad, ya que éste sería cedido al Ministerio de la Guerra. En 1847, se adquirieron unos terrenos contiguos al edificio y que habían sido la huerta del corregidor Juan Fernández, encargándosele al arquitecto José María Aparici la ampliación del palacio para destinarlo a su uso militar.

A partir de 1869, su entorno sufre grandes cambios al crearse la subida desde la Calle de Alcalá que antes no podía hacerse por haber en el lugar un terraplén31. Los muros que cerraban el palacio se echaron abajo, se construyó la verja que hoy limita los jardines y se aumentó el conjunto con dos cuartelillos anexos que acogerían las Direcciones de Ingenieros, Artillería, Caballería e Infantería. En 1870, el edificio se cierra con una nueva crujía que forma un segundo patio, respetando el aspecto general del conjunto. Actualmente, se puede ver cómo el palacio cuenta con una planta de más, añadida al edificio original en el siglo XX. Varias han sido las funciones que ha tenido el edificio a lo largo de la historia: Parque de Artillería, Museo Militar, vivienda de la regente Isabel II en 1840, residencia del embajador turco Fuad Efendi, Ministerio de Defensa y, en la actualidad, es sede del Cuartel General del Ejército. Como dato curioso, cabe mencionar que en el palacio fallecería, en 1870, el general Prim después del atentado que sufrió el 27 de diciembre de ese mismo año en la antigua Calle del Turco, actual Calle del Marqués de Cubas.

Localización: Las instalaciones actuales ocupan la manzana que comprende el Paseo de Recoletos y las calles de Prim, Barquillo y Alcalá. 28014 Madrid.


Madrid, Real Jardín Botánico, Puerta de Murillo

El origen del Real Jardín Botánico lo tenemos el 17 de octubre de 1755 cuando Fernando VI ordena su creación, instalándose en la llamada Huerta de Migas Calientes, a orillas del Manzanares y cerca de donde hoy está la Puerta de Hierro. Ese primer jardín contó con más de 2.000 plantas que había recogido en sus viajes u obtenido por intercambios el botánico y cirujano José Quer. Casi 20 años después, en julio de 1774, Carlos III lo traslada al lugar donde podemos visitarlo hoy, en el Paseo del Prado, encargando el proyecto a Francisco Sabatini y Juan de Villanueva, siendo inaugurado en 1781. De este modo, se convertiría en una de las piezas clave en la transformación que se estaba haciendo del paseo durante su reinado. Durante esos años, se hicieron las tres terrazas escalonadas con que cuenta, se clasificaron y ordenaron las plantas según el método Linneo32 y se hizo la reja que delimita el jardín.

En el Jardín Botánico, se enseñó Botánica, se planearon expediciones a América y al Pacífico, se hizo un importante muestrario de hierbas que sirvió para detallar nuevas especies y se realizaron los dibujos de las colecciones de láminas de plantas. Pero sin duda, el siglo que más ha marcado la transformación del jardín fue el XIX. Con el estallido de la Guerra de la Independencia, en 1808, el jardín entra en un estado de casi abandono, sobreviviendo gracias a los esfuerzos de Mariano Lagasca, notable botánico español y director del Botánico por aquel entonces, quien hizo todo lo posible para que no se quedara atrás en las corrientes científicas europeas. Más adelante, con Mariano de la Paz Graells al frente del jardín, se llevan a cabo algunas reformas significativas: se construye un invernadero, se remodela la terraza superior e, incluso, se instala un zoológico en el jardín que, doce años después, su nuevo director Miguel Colmeiro traspasa al Jardín del Buen Retiro. Ya entre 1880 y 1890, el Botánico volverá a tener algunas pérdidas. En 1882, se separan dos hectáreas, destinadas a construir el edificio que actualmente acoge al Ministerio de Agricultura, momento en que el jardín se quedará con las ocho hectáreas que tiene hoy día. Pero eso no fue lo más grave ya que en 1886, un ciclón se llevó por delante 564 árboles de importante valor.

Ya en el siglo XX, cabe destacar que en 1939 el Jardín Botánico comienza a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Tres años más tarde, en 1942, se le declara Jardín Artístico. En 1974, se decide cerrarlo al público para llevar a cabo importantes restauraciones, siendo inaugurado de nuevo con la presencia de SS. MM. los Reyes de España en 1981, coincidiendo con el bicentenario de su traslado a su emplazamiento definitivo en el Paseo del Prado. En 1993, se inaugura el nuevo invernadero expositivo y en 2005, se amplía su espacio en una hectárea.

Madrid, Real Jardín Botánico, Puerta del Rey

Pasemos, a continuación, a hacer un breve repaso de lo que podemos encontrar en su interior. Ya que el cometido de este artículo no es el de realizar un monográfico sobre el Jardín Botánico, trataremos de describir a grandes rasgos los elementos más importantes que el visitante podrá disfrutar. El recorrido se inicia en la entrada principal, cuyo acceso lo encontramos en la llamada Puerta de Murillo, que vemos en la fotografía anterior. Construida por Juan de Villanueva, fue inaugurada en 1789. La imagen que acompaña a este párrafo corresponde a la Puerta del Rey, entrada que da al Paseo del Prado y que sólo se abre cuando los Reyes visitan el jardín; construida en el año 1781, se atribuye su diseño a Sabatini, siendo construida por Antonio Berete, quien también realizó la verja de hierro. En ella empieza, ya en el interior, el Paseo de Carlos III.

Entramos por la Puerta de Murillo y lo primero que deberemos saber es que el jardín se divide en terrazas. Nada más entrar, estaremos en la Terraza Baja, o de los Cuadros, y la primera sección será la de plantas ornamentales, como dalias o camelias. Más adelante, frente a la Puerta del Rey y dividida en dos por el Paseo de Carlos III, está la rosaleda, en la que una buena parte de rosas fue donada por Doña Blanca de Urquijo en 1977. A continuación, disfrutaremos de una serie de plantas aromáticas y medicinales, que dan paso al cuadrante siguiente dedicado a la huerta, con plantas comestibles como calabazas o zanahorias, entre otros frutos.

Una vez visto el flanco derecho del jardín, compuesto por dos hileras, pasaremos al central, conocido como Terraza de las Escuelas Botánicas; en ella, están representadas en otras dos hileras todas las familias botánicas, además de árboles que llamarán nuestra atención por su grandiosidad, antigüedad o rareza. La terraza está separada de la anterior por el Paseo de Gómez Ortega, también llamado Paseo de las Estatuas; en él, veremos las esculturas dedicadas a cuatro eminentes botánicos de los siglos XVIII y XIX que fueron, además, responsables del jardín: Joseph Quer y Martínez, Simón de Rojas Clemente y Rubio, Mariano Lagasca y Antonio José Cavanilles y Palop.

A su izquierda, encontraremos la Terraza del Plano de la Flor, un remanso de paz que adquiere el nombre de las formas sinuosas de su estructura. Sin duda, es una de las zonas más bellas del jardín y está compuesta de varios elementos. Por un lado, el invernadero Santiago Castroviejo Bolíbar en el que, dividido en tres salas, el visitante podrá ver plantas exóticas provenientes de desiertos, bosques templados y bosques tropicales. Por otro lado, la Estufa de las Palmas, antiguo invernadero del siglo XIX en el que se exhiben plantas que necesitan constantemente la humedad y el calor. En el centro y al final del Paseo de Carlos III, está el Estanque de Linneo, en cuyo centro hay una estatua del naturalista sueco que le da nombre. También hay varias glorietas, como la de los tilos, la de los plátanos y la de los castaños de indias. Al fondo, está el Paseo de los Olivos, que si lo seguimos enlaza con la Terraza Alta, o de los Laureles, realizada en el año 2004; en ella, se expone la colección de bonsáis del jardín, entre la que se encuentran los ejemplares donados por el ex presidente del Gobierno Felipe González, gran aficionado a estas plantas.

Para terminar, no puede faltar una visita al Pabellón Villanueva, edificio neoclásico que toma el nombre del arquitecto que lo diseñó en el siglo XVIII. Su función original y para la que fue creado era la de invernadero; hoy día, es un lugar para exposiciones temporales y actos especiales. Se distribuye en dos alas laterales, diseñadas para ser invernaderos, que salen del cuerpo central principal, donde se impartían enseñanzas de Botánica. Nos llamará la atención la fachada donde está la puerta de acceso, así como el resto del edificio, completamente acristalado.

Localización: Está rodeado por la Plaza de Murillo, donde tiene su entrada principal, el Paseo del Prado y las calles de Claudio Moyano, Alfonso XII y Espalter. 28014 Madrid.


Madrid, Fuente de Apolo

La Fuente de Apolo, diseñada por Ventura Rodríguez, fue proyectada para ser colocada en el centro del Salón del Prado, entre las fuentes de Cibeles y Neptuno. Conocida también bajo el nombre de "Fuente de las Cuatro Estaciones", el encargado de darle forma fue el escultor Manuel Álvarez "el griego", apelativo dado por su gusto de imitar los vaciados en escayola de las esculturas helenas que se habían traído a España desde Italia para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Álvarez, que ya había trabajado en las estatuas de los reyes godos para el Palacio Real, realizó previamente unos modelos en cera que acabó en 1781, terminando las esculturas en piedra en el año 1797, poco antes de fallecer. Sin embargo, dejó inconclusa la figura principal, Apolo, colocándose en el lugar en el que debía ir una provisional realizada por José Panuche hasta que Alfonso Giraldo Bergaz finalizó la definitiva en 1802.

El conjunto está formado por un cuerpo principal en el centro que cuenta, en su parte inferior, con una escalinata y, a los dos laterales, sendos mascarones de los que mana el agua que cae en las tres conchas de diferentes tamaños, formando una especie de cascada que desemboca en dos grandes pilones de los que también brota agua. En la parte superior del cuerpo intermedio, vemos cuatro esculturas que representan las estaciones del año, de ahí el nombre de "Fuente de las Cuatro Estaciones". Sobre ellas, y por encima del escudo con las armas de Madrid, está Apolo, dios de la luz, la verdad, la poesía, la música y las artes, provisto de una cítara34 en su mano izquierda.

Como curiosidad, podemos contar que Ventura Rodríguez hizo las trazas de un gran pórtico que se iba a colocar delante de la fuente, donde hoy está la Bolsa de Madrid, y frente a un edificio de dos alturas que allí había. En dicho edificio había una botillería35 donde se podía tomar café y chocolate y, con la llegada del buen tiempo, sentarse en las sillas que se disponían a lo largo del Salón del Prado. Sin embargo, el pórtico no llegó a terminarse nunca, pero sirvió para que Juan de Villanueva tomara idea de él para los primeros planos del Museo del Prado, el cual incluía un pórtico adelantado en la fachada del edificio.

Localización: Paseo del Prado, a la altura del número 4 y frente al edificio del Instituto Oficial de Crédito (ICO). 28014 Madrid.


Madrid, Fuente de la Alcachofa

La Fuente de la Alcachofa es el nombre con el que se conoce popularmente la que en realidad se llama "Fuente del Tritón36 y la Nereida37" y que fue construida entre 1781 y 1782 para continuar con las obras de embellecimiento del Paseo del Prado. Esta vez, el emplazamiento fue la Glorieta de Atocha, cerca de donde estaba la antigua Puerta de Atocha. Diseñada por Ventura Rodríguez, Alfonso Giraldo Bergaz fue quien esculpió las figuras de los dos seres fantásticos, siendo Antonio Primo, que ya había realizado la parte escultórica de la Casa de Correos, quien diera forma a los niños de la parte superior, los cuales fueron retocados más tarde por José Rodríguez. La columna central, en cambio, era del adornista Miguel Ximénez.

Fue construida en piedra caliza, a excepción de la alcachofa que la remata y que le da nombre, siendo ésta de granito. En el cuerpo inferior, un tritón y una nereida sujetan un escudo de Madrid y la corona real, mientras que en el superior, hay cuatro niños sobre los que está la alcachofa. Sin embargo, la fuente que vemos actualmente en la Glorieta de Atocha no es la original, sino una copia en bronce. En 1881 y ante el aumento del tráfico por la zona, la fuente primitiva fue trasladada al Parque de El Retiro por el arquitecto José Urioste y Velada, por entonces director de Fontanería y Alcantarillado del Ayuntamiento de Madrid, colocándose en el ángulo Sudoeste del Estanque Grande. En 1987, año en que se reforma la Glorieta de Atocha, se ubica en su centro una réplica en bronce de la original que había sido realizada un año antes.

Localización: La fuente original está en Plaza de la República de Honduras del Parque de El Retiro, mientras que su replica en bronce se encuentra en la Glorieta de Atocha, o Plaza del Emperador Carlos V. 28012 Madrid.


Madrid, Museo del Prado, Puerta de Velazquez

La construcción del actual Museo del Prado proviene de la decisión tomada por Carlos III en 1785 de situar las colecciones existentes en el Gabinete de Historia Natural en un edificio situado en el Prado de Atocha, inmediato al Jardín Botánico, y así tener juntos dos edificios dedicados a labores complementarias. De esta manera, frente a los conventos y viejos caserones del Madrid Barroco, surgiría un nuevo Madrid Neoclásico con palacios y jardines científicos que tendría su máximo exponente en el Paseo del Prado como paradigma de Ciudad Ilustrada, al disponer de instalaciones construidas de forma predeterminada para el estudio de la Naturaleza.

Antes de continuar con la historia del edificio, retrocedamos hasta 1752, durante el reinado de Fernando VI, cuando se situó el establecimiento del primer Gabinete de Historia Natural en la Calle de la Magdalena. En él, se guardaron colecciones de animales disecados, conchas y fósiles; minerales y piedras preciosas; y piezas del antiguo Egipto, de la Grecia clásica y de la Roma imperial. En definitiva, lo que se conocía entre la nobleza culta del siglo XVIII como "colección de curiosidades", habiendo formado respetables conjuntos de ellas muchos de los miembros de esta clase. En 1773, se traslada el Gabinete hasta la Academia de Bellas Artes, sita en el Palacio de Goyeneche, donde se van uniendo más animales disecados y minerales llegados desde América, todo ello siguiendo las instrucciones de Carlos III quien, además, a toda esta amalgama de piezas unió el valioso Tesoro del Delfín heredado de su abuelo. La Academia ve así su espacio reducido, por lo que es necesario el traslado del Gabinete a un nuevo emplazamiento. Como base de éste, podía servir el que Sabatini había proyectado para laboratorio químico donde experimentar con las plantas del Jardín Botánico; con dicho fin, se le encarga a Juan de Villanueva el diseño de un edificio en el que situar el laboratorio antes mencionado, la exposición del Gabinete de Historia Natural y un espacio representativo para la Academia de las Ciencias.

Madrid, Museo del Prado, Puerta de Goya

En el primer diseño, Villanueva dispuso la construcción de un edificio con una gran fachada hacia el Paseo del Prado, delante de la cual se extendía un pórtico para el paseo público a semejanza del que Ventura Rodríguez había diseñado delante de la Fuente de Apolo; dado el alto coste que significaba su construcción, dicho pórtico desapareció inmediatamente del proyecto.

El edificio diseñado finalmente se dividía de forma clara en tres partes diferentes que hoy podemos observar en las tres entradas del recinto. La principal, o Puerta de Velazquez, en el Paseo del Prado y con seis columnas de orden toscano38, servía de acceso al edificio central donde se situaba el Salón de la Academia de las Ciencias; la entrada Norte, o Puerta de Goya, con dos columnas de orden jónico39 y dos muros laterales, servía para entrar al Gabinete de Historia Natural; y la situada al Sur, o Puerta de Murillo, con seis columnas de orden corintio45 y enfrente del Jardín Botánico, era el paso hacia las aulas de botánica y los laboratorios químicos.

En 1808, ya con el edificio casi terminado, comienza la Guerra de la Independencia, ocupándolo los franceses como cuartel y utilizando el plomo de las cubiertas para hacer munición con él. Al acabar el conflicto en 1814, el estado del edificio, que no había sido terminado aún, era desolador. Abandonado, sin cubierta y con el interior destrozado. Sin embargo, la excelente calidad de su fábrica permitió que los muros y cubiertas no tuvieran un excesivo daño que impidiera salvar el edificio, a diferencia del Palacio del Buen Retiro, que hubo que derribar casi por completo. Veamos a continuación cómo llega a convertirse el inacabado y destrozado Gabinete en Museo de Pintura.

Madrid, Museo del Prado, Puerta de Murillo

La existencia de un Museo de Pintura en Madrid ya había surgido en 1775 cuando el pintor checo Antonio Rafael Mengs, nombrado primer Pintor del Rey entre 1761 y 1769, escribe al abate Ponz, posterior Secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, su irrealizable deseo de poder reunir todas las pinturas dispersas por los diferentes Sitios Reales en una única galería sita en el Palacio Real, donde pudieran conocerse y estudiarse. Posteriormente, en 1809, durante la Guerra de la Independencia, José I funda el Museo Josefino, aunque no se sabe que se hiciera nada más aparte de fundarlo. La idea era reunir toda la pintura real y la procedente de las desamortizaciones de los conventos en el Palacio de Buenavista, expropiado a Godoy. Una sede en la que también pensó Fernando VII y de la que solicitó informes a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que, evitando implicarse en el asunto, alegó la falta de fondos necesarios para su mantenimiento. Es la reina Isabel de Braganza quien, al observar cómo el rey había ordenado retirar los cuadros de las paredes de palacio para recubrirlas con una decoración de tipo francés y verlos mal almacenados en pasillos y desvanes, le sugiere guardarlos en el incompleto Gabinete de Historia Natural, algo a lo que éste accede. Así, en 1818, ordena el traslado de los cuadros al futuro Museo de Pinturas. Del total de 1.626 cuadros trasladados entre ese año y el siguiente, serán expuestos solamente 311. Lamentablemente, la reina Isabel moriría en diciembre de 1818, no pudiendo contemplar la inauguración del museo realizada el 19 de noviembre de 1819.

Madrid, Museo del Prado, Claustro de los Jerónimos

En el Museo del Prado, podemos observar, al igual que en el Oratorio del Caballero de Gracia, o en el Observatorio Astronómico, la mayor aportación de Juan de Villanueva a la arquitectura madrileña del siglo XVIII y lo que le diferencia de Sabatini y de otros arquitectos. Estamos hablando de cómo vuelve a utilizar en sus edificios la columna, un elemento olvidado desde el Renacimiento y que en el Barroco sólo fue usado en los retablos de las iglesias. Las bóvedas las diseñó en piedra, a diferencia de las encamonadas48 del siglo pasado, ya que desconfiaba de su construcción en madera por el alto riesgo de incendio de este material. De las construidas para este edificio, destaca en especial la de la Rotonda y, a continuación, las de las Salas de Goya y de Ariadna. La bóveda de cañón de la sala principal es una reconstrucción en hormigón realizada en 1922 por Pedro de Muguruza, quien también hizo, en 1925, la escalera principal del Museo que complementa a las pequeñas escaleras que Villanueva dispuso en los lugares que considero más adecuados y a la no tan pequeña situada junto a la Puerta de Murillo.

El edificio del cuerpo central, donde iba a situarse el Salón de la Academia de Ciencias, se une a los situados en los extremos Norte y Sur, formados por los edificios proyectados como Gabinete y Laboratorio respectivamente, mediante unas excepcionales alas en las que destaca la columnata de la primera planta.

Se dice de la arquitectura de Juan de Villanueva que no ha podido ser igualada nunca por sus altos costes y por el extraordinario nivel alcanzado en los cálculos necesarios para el encaje de las enormes piezas que solía utilizar; una perfección necesaria ante la carencia de cualquier adorno que pudiera ocultar algún fallo.

El hoy Museo Nacional del Prado se ha convertido con los siglos en una de las pinacotecas más importantes del mundo, habiendo ampliado su sede mediante la transformación del antiguo Claustro del Monasterio de los Jerónimos en otro espacio expositivo, estando previsto continuar con la ampliación del Prado con los dos edificios que se salvaron del antiguo Palacio del Buen Retiro, el Casón o Salón de Bailes y el Salón de Reinos, antiguo Museo del Ejército.

Localización: Calle Ruiz de Alarcón, 23. 28014 Madrid.


Madrid, Oratorio del Caballero de Gracia, fachada principal

El actual Oratorio del Caballero de Gracia, del arquitecto Juan de Villanueva, es una construcción del siglo XVIII realizada para sustituir al original, construido en 1654, debido al mal estado en que éste se hallaba. El anterior edificio del siglo XVII era una obra realizada por la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, cofradía49 fundada unos años antes por Jacobo Trenci, un célebre sacerdote italiano apodado el Caballero de Gracia, de quien el Oratorio tomaría su nombre. Se trata de la única iglesia en Madrid terminada por Juan de Villanueva y en su interior, sobre la pared derecha, podemos contemplar el sarcófago del propio Caballero de Gracia.

Así, en este pequeño templo, parcialmente escondido entre la Gran Vía y la Calle Caballero de Gracia, tenemos lo que algunos arquitectos han definido como una obra maestra del Neoclásico madrileño. Aunque de influencia neo-palladiana y con un singular parecido a la iglesia de Il Redentore en Venecia, incluso con el mismo orden dórico50 en los capiteles, no hay que pensar por ello que tenga idénticas soluciones arquitectónicas que aquella, ya que las pequeñas dimensiones de la propia obra facilitaron el uso de columnas exentas al no tener que soportar éstas grandes cargas laterales. En el interior del templo, podemos destacar las dos hileras de siete columnas exentas cada una, soportando una bóveda de medio cañón cubierta por casetones, y la cúpula elíptica53 con pinturas de Zacarías González Velázquez, que ilumina de manera tenue el altar mediante las claraboyas en ella existentes.

Madrid, Oratorio del Caballero de Gracia, fachada posterior a la Gran Vía

Las dos fachadas del templo fueron terminadas en diferentes épocas. La principal, situada en la Calle Caballero de Gracia, la terminó Custodio Teodoro Moreno en 1830 con ligeras modificaciones sobre los planos originales de Villanueva; la que da a la Gran Vía, fue modificada por Carlos de Luque entre 1911 y 1916 por motivos de alineación con el resto de la calle, habiéndose logrado salvar el edificio sin que desentonara demasiado en la entonces deseada uniformidad de la nueva vía. Desde entonces, ha sido restaurado en diversas ocasiones hasta lograr la imagen que podemos ver en la segunda fotografía.

El 5 de abril de 1956 se declaró Bien de Interés Cultural.

Localización: Calle Caballero de Gracia, 5 y Gran Vía, 17. 28013 Madrid.

Madrid, Fuentecillas de El Prado

Y también en el Paseo del Prado encontramos Las Cuatro Fuentes, también conocidas como "Las Fuentecillas", un conjunto diseñado por Ventura Rodríguez para ser colocado en la Plaza de Murillo (entre el Jardín Botánico y el Museo del Prado) y en el que participaron varios escultores en su realización: Narciso Aldebó se encargó de las columnas, mientras que las cabezas de oso fueron hechas por José Rodríguez; Roberto Michel y Francisco Gutiérrez hicieron los tritones y delfines, terminados por Alfonso Giraldo Bergaz. Posteriormente, el conjunto se fue separando en dos grupos de dos, primero tras la creación del paseo como tal y, más adelante, a medida que crecía el tráfico entre ambos. Durante la Guerra Civil Española, una de las fuentes fue mutilada, recuperándose en 1944.

Estas cuatro fuentes, cuya diferencia está en las figuras del remate, que son iguales dos a dos, fueron construidas con piedra caliza a finales del siglo XVIII al igual que el resto de fuentes del Prado. Todas ellas están compuestas por un pilón en cuyo centro hay una columna labrada y rematada por cabezas de osos que simbolizan las armas de Madrid. Sobre él, hay una taza en la que se ve, en dos de ellas, a un tritón agarrando un delfín del que brota el agua; en las otras dos, la figura es una nereida. Debido al deterioro en el que se encontraban, especialmente las figuras por ser de piedra caliza, en 1996 las fuentes fueron restauradas por el Departamento de Conservación de Edificaciones que las limpió, selló las juntas e hizo moldes de las esculturas del remate; con estos moldes, se realizaron unas nuevas figuras en resina, que son las que podemos ver actualmente. Las esculturas originales se encuentran hoy día en el Museo de los Orígenes de Madrid.

Localización: Paseo del Prado; hay dos en la acera que da frente a la Plaza de Murillo y otras dos en la que da frente a la Calle de las Huertas. 28014 Madrid.


Madrid, Escuelas Pías de San Fernando, fachada principal

Tras el establecimiento de los Padres Escolapios en Madrid, en 1729, las Escuelas Pías de San Fernando, fundadas en 1733, fueron su primer colegio en la capital española. Dicho colegio, dedicado particularmente a la educación de los más desfavorecidos, obtuvo pronto gran reconocimiento en la ciudad por la calidad de su educación. Cabe destacar que en 1795 se estableció en él la primera escuela de sordomudos de España a cargo del Padre Escolapio José Navarrete, quien se desplazó hasta Roma para allí mejorar sus conocimientos.

Madrid, Escuelas Pías de San Fernando

Arquitectónicamente, era de destacar la iglesia, construida entre los años 1763 y 1791 por el arquitecto escolapio Gabriel Escribano, quien levantó sobre el solar donde había estado la Ermita del Pilar un notable templo, siendo su planta de salón y contando con capillas en los laterales. Desaparecidos los dos hoy, destacaban por su tamaño la enorme cúpula y el gran arco de entrada, este último con el escudo de las Escuelas Pías sobre él. Habiendo tomado como advocación54 la de Nuestra Señora de la Portería, ésta cambió posteriormente a San Fernando durante el reinado de Carlos III, siendo éste el nombre adoptado en adelante por el colegio.

Tanto el colegio como la iglesia fueron incendiados durante la Guerra Civil y sobre parte de su solar se han levantado posteriormente diversas edificaciones (mercado, escuela y viviendas), habiéndose salvado tras más de medio siglo de abandono las ruinas de la iglesia, rehabilitadas entre 1996 y 1999 por el arquitecto José Ignacio Linazasoro como Biblioteca Universitaria de la UNED 55 correspondiente a la zona de Escuelas Pías.

Localización: Calle Sombrerete, 15. 28012 Madrid.


Lourdes Morales Farfán es Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. ↑


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GLOSARIO

- 1 Irredentismo: Actitud política que propugna la anexión de un territorio que una nación pretende anexionarse por razones históricas, de lengua, raza, etc.
- 2 Despotismo Ilustrado: Política de algunas monarquías absolutas del siglo XVIII, inspirada en las ideas de la Ilustración3 y el deseo de fomentar la cultura y prosperidad de los súbditos.
- 3 Ilustración: Movimiento filosófico y cultural del siglo XVIII, que acentúa el predominio de la razón humana y la creencia en el progreso humano.
- 4 Siglo de Las Luces: En occidente se conoce así al siglo XVIII por haber sido el siglo de la Ilustración, la cual declaraba como objetivo "disipar las nieblas de la humanidad con luces de la razón".
- 5 Imposta: Faja que corre horizontalmente en la fachada de los edificios a la altura de los diversos pisos.
- 6 Tímpano: Espacio triangular que queda entre las dos cornisas inclinadas de un frontón y la horizontal de su base.
- 7 Frontón: Remate triangular de una fachada o de un pórtico. Se coloca también encima de puertas y ventanas.
- 8 Mascarón: Cara disforme o fantástica que se usa como adorno en ciertas obras de arquitectura.
- 9 Clave: Piedra con que se cierra el arco o bóveda.
- 10 Cúpula: Bóveda en forma de una media esfera u otra aproximada, con que suele cubrirse todo un edificio o parte de él.
- 11 Tambor: Muro cilíndrico que sirve de base a una cúpula.
- 12 Linterna: Torre pequeña más alta que ancha y con ventanas, que se pone como remate en algunos edificios y sobre las medias naranjas de las iglesias.
- 13 Rentas estancas: La llegada de los Borbones a España trajo una reestructuración de la Real Hacienda y el sistema de impuestos, creándose aduanas y direcciones generales de rentas. Una de las claves para la recaudación de impuestos fueron las llamadas "rentas estancas" o "rentas estancadas". La Corona se hizo con el monopolio sobre algunos productos como el tabaco, la pólvora, la sal, el aguardiente y los naipes, entre otros; a los productores, se les imponía un precio de compra y los artículos eran procesados en las reales fábricas que se construyeron. Finalmente, esos productos eran vendidos a un precio único por los funcionarios de la Corona.
- 14 Arco de medio punto: El que consta de una semicircunferencia.
- 15 Vano: Parte del muro o fábrica en que no hay sustentáculo o apoyo para el techo o bóveda; por ejemplo, los huecos de ventanas o puertas y los intercolumnios.
- 16 Guardapolvos: Tejadillo voladizo construido sobre un balcón o una ventana, para desviar el agua de lluvia.
- 17 Ménsula: Miembro de arquitectura perfilado con diversas molduras, que sobresale de un plano vertical y sirve para recibir o sostener algo.
- 18 Berroqueño: Granítico. Perteneciente o relativo al granito.
- 19 Cinco Gremios Mayores: Debido al enriquecimiento progresivo que venían experimentando algunos comerciantes madrileños desde finales del siglo XVII, se unen a principios del siglo XVIII formando los Cinco Gremios Mayores (joyería, lencería, mercería, pañería y sedería), ampliando sus actividades al sector financiero y constituyendo así la que podría considerarse primera sociedad precapitalista de la ciudad.
- 20 Portazgo: Derechos que se pagan por pasar por un sitio determinado de un camino.
- 21 Adintelada: El que viene a degenerar en línea recta.
- 22 Pilastra: Columna de sección cuadrangular.
- 23 Cornucopia: Vaso en forma de cuerno que representa la abundancia.
- 24 Aljaba: Caja portátil para flechas, ancha y abierta por arriba, estrecha por abajo y pendiente de una cuerda o correa con que se colgaba del hombro izquierdo a la cadera derecha.
- 25 Grifo: Animal fabuloso, de medio cuerpo arriba águila, y de medio abajo león.
- 26 Oráculo: Contestación que las pitonisas y sacerdotes de la gentilidad pronunciaban como dada por los dioses a las consultas que ante sus ídolos se hacían. // Lugar, estatua o simulacro que representaba la deidad cuyas respuestas se pedían.
- 27 Columna estriada: Columna cuyo fuste28 está adornado con canales o estrías unidas una a otra o separadas por un filete30.
- 28 Fuste: Parte de la columna que media entre el capitel29 y la basa.
- 29 Capitel: Parte superior de la columna y de la pilastra, que las corona con forma y ornamentación distintas, según el estilo de arquitectura a que corresponde
- 30 Filete: Componente de una moldura en forma de lista larga y angosta. // Línea o lista fina que sirve de adorno.
- 31 Terraplén: Macizo de tierra con que se rellena un hueco, o que se levanta para hacer una defensa, un camino u otra obra semejante. // Desnivel con una cierta pendiente.
- 32 Método Linneo: Carl Nilsson Linæus, o Carlos Linneo (1707-1778) fue un reconocido naturalista, científico, zoólogo y, sobre todo, botánico sueco, considerado como fundador de la taxonomía33 moderna. Para él, la naturaleza se dividía en tres reinos: mineral, vegetal y animal; y a su vez, usó cinco rangos de clasificación: clase, orden, género, especie y variedad. Linneo clasificó de manera jerárquica las especies y utilizó la fórmula binominal, que consistía en utilizar dos palabras para nombrar a cada especie, siendo la primera el nombre del género y la segunda, el adjetivo que lo caracteriza de manera específica. De este modo, se pretendía abandonar el sistema de dar a las plantas largos nombres para su clasificación, simplificando ésta a sólo "nombre y apellido", por así decirlo, y dotando al sistema de mayor precisión.
- 33 Taxonomía: Ciencia que trata de los principios, métodos y fines de la clasificación. Se aplica en particular, dentro de la biología, para la ordenación jerarquizada y sistemática, con sus nombres, de los grupos de animales y de vegetales.
- 34 Cítara: Instrumento musical antiguo semejante a la lira, pero con caja de resonancia de madera. Modernamente esta caja tiene forma trapezoidal y el número de sus cuerdas varía de 20 a 30. Se toca con púa.
- 35 Botillería: Casa o tienda, a manera de café, donde se hacen y venden bebidas heladas o refrescos.
- 36 Tritón: Cada una de ciertas deidades marinas a que se atribuía figura de hombre desde la cabeza hasta la cintura, y de pez el resto.
- 37 Nereida: Cada una de las ninfas que residían en el mar, y eran jóvenes hermosas de medio cuerpo arriba, y peces en lo restante.
- 38 Columna Toscana: Se trata de un tipo de columna romano, de origen etrusco, en el que generalmente su fuste es liso y su capitel sencillo, contando además con una base y/o pedestal para su asiento en el suelo. Se caracteriza, así, por la sencillez de sus formas.
- 39 Orden Jónico: El que tiene la columna de unos nueve módulos o diámetros de altura, el capitel, adornado con grandes volutas40, y dentículos41 en la cornisa.
- 40 Voluta: Adorno en forma de espiral o caracol, que se coloca en los capiteles de los órdenes jónico y compuesto.
- 41 Dentículo: Cada uno de los adornos con forma de paralelepípedo rectángulo que, formando fila, se colocan en la parte superior del friso42 del orden jónico y en algunos otros miembros arquitectónicos.
- 42 Friso: Parte del cornisamento que media entre el arquitrabe43 y la cornisa44, donde suelen ponerse follajes y otros adornos.
- 43 Arquitrabe: Parte inferior del entablamento, o cornisamento, la cual descansa inmediatamente sobre el capitel de la columna.
- 44 Cornisamento: Conjunto de molduras que coronan un edificio o un orden de arquitectura. Ordinariamente se compone de arquitrabe, friso y cornisa.
- 45 Columna Corintia: Su capitel está adornado con hojas de acanto y caulículos46.
- 46 Caulículo: Cada uno de los vástagos que nacen del interior de las hojas que adornan el capitel corintio, y van a enroscarse en los ángulos y medios del ábaco47.
- 47 Ábaco: Parte superior en forma de tablero que corona el capitel.
- 48 Bóveda encamonada: Falsa bóveda construida de tabique, bajo un techo o armadura.
- 49 Cofradía: Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad.
- 50 Orden Dórico: El que tiene la columna de ocho módulos o diámetros a lo más de altura, el capitel sencillo y el friso adornado con metopas51 y triglifos52.
- 51 Metopa: En el friso dórico, espacio que media entre triglifo y triglifo.
- 52 Triglifo: Adorno del friso dórico que tiene forma de rectángulo saliente y está surcado por tres canales.
- 53 Elipse: Curva cerrada, simétrica respecto de dos ejes perpendiculares entre sí, que resulta de cortar un cono circular por un plano que encuentra a todas las generatrices del mismo lado del vértice.
- 54 Advocación: Denominación de las correspondientes imágenes, de los santuarios y días en que se veneran, de las entidades acogidas a su patrocinio.
- 55 UNED: Universidad Nacional de Educación a Distancia

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BIBLIOGRAFIA Y ENLACES EXTERNOS:
- José del Corral: El Madrid de los Borbones, Ediciones La Librería, (ISBN:84-95889-97-8), Depósito legal: M-1425-2005
- Ramón Guerra de la Vega: MADRID. Guía de Arquitectura. 1700-1800, Ramón Guerra de la Vega, (ISBN:84-300-3599-0), Depósito legal: M-41203
- Ramón Guerra de la Vega: El Madrid de Carlos III. Guía de Arte y Arquitectura. Siglo XVIII. Tomo II., Ramón Guerra de la Vega, (ISBN:84-88271-21-2), Depósito legal: M-50173-2002
- Pedro F. García Gutiérrez y Agustín F. Martínez Carbajo: Iglesias de Madrid, Ediciones La Librería, (ISBN-10: 84-96470-48-2, ISBN-13: 978-84-96470-48-4), Depósito legal: M-34219-2006
- María Teresa Fernández Talaya: Palacio de Altamira, IED Madrid, Instituto Europeo di Design
- Pedro Navascués Palacio: Palacios Madrileños del Siglo XVIII, Madrid, 1978, (ISBN:84-500-2.674-1), Depósito legal: M.17.006-1978
- Museo del Ministerio: El Ministerio de Economía y Hacienda y su tesoro artístico
- Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
- http://www.madridhistorico.com
- Monumenta Madrid
- Real Jardín Botánico de Madrid
- La Monarquía Hispana, Carlos III
- Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
- DRAE
- elmundo.es DICCIONARIOS
- Enciclopedia Espasa

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